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miércoles, 3 de febrero de 2016

"Deiá: el rincón de los artistas"


El nombre del pueblo de Deià tiene su origen en el término árabe daia o ad-daia, que significa campo, según la teoría de Joan Coromines.

Deia-Mallorca-BalearesDeià es un pequeño municipio situado en la vertiente norte-occidental de la Serra de Tramuntana, que
en este sector toma el  nombre de serra des Teix. Limita con Sóller, Bunyola, Valldemossa y con el mar, siendo el quinto término más pequeño de Mallorca. Este municipio presenta tres zonas bien diferenciadas: es Puig o parte alta, coronado por la iglesia y el cementerio; la parte media a lo largo de la carretera de Valldemossa – Sóller: y es Clot o zona baja, que antiguamente fue el núcleo de la población principal.

Este pequeño pueblo se encuentro a solo media hora en coche desde Palma. Se llega por la C-710, una sinuosa carretera que bordea la costa desde Valldemossa a Sóller ofreciéndonos uno de los itinerarios más sorprendentes del litoral Mallorquín.

Historia de Deiá

El origen de la ocupación de Deiá tenemos que buscarlo en los primero pobladores permanentes de Mallorca. Se han encontrado tres yacimientos arqueológicos de gran importancia para el estudio de la prehistoria mallorquina:

-          La cueva de Betlem, donde Manuel Rosentigni y Wladimir de Lamsford descubrieron en 1958 unos grabados. Este conjunto de grabados ha sido interpretado como la representación de un episodio de caza.

Myotragus-Deia-Mallorca-Baleares
-      La cueva de los Muertos de Son Gallard, excavado por el Dr. William Waldren, es una gruta donde se ha encontrado un nivel de habitación neolítica de entre el 4250 y el 3700 aC. Se la considera como la necrópolis más antigua de las islas y fue utilizada como tal hasta la conquista romana en 123 aC.

-        La cueva de Son Marroig, excavada también por Waldren, es una necrópolis pretalayótica. Se encontraron 8 cráneos y largos huesos a su alrededor.

También dejó huella la presencia romana por la cerámica encontrada y por el desarrollo del cultivo de olivos. Pese a ello, no se ha encontrado ningún yacimiento de esta época.

Durante la dominación islámica, Deiá, pertenecía al juz’ de Bunyula-Musu. La presencia árabe es evidente gracias a la toponomia de Deiá, Llucalcari, Castell del Moro y en los numerosos encuentros de cerámica y otros utensilios encontrados en todo el municipio.

Después de la conquista de Jaume I (1229), Deiá fue concedida a Nunó Sanç, excepto Llucalcari, que fue donado a Gilabert de Cruilles. Siete años después de este reaprto Nunó Sanç fundó el monasterio de los monjes de Sant Bernat de la Real y entregó a su abad todo el dominio y jurisdicción de Deiá. Murió en 1244 sin descendencia y, como era pariente de Jaume I, todos sus bienes pasaron a la parte real, incluido Deiá.

En 1276, Ramon Llull consiguió de Jaume II un contrato de intercambio que le permitió fundar un colegio de frailes menores en Miramar; por esta razón Jaume II entregó al abad de la Real la gran alquería de Deiá. Los mojes del Císter hicieron prosperar el territorio gracias especialmente a la agricultura.

Deiá ya era administrativamente especial: por un lado formaba una sola Universidad con Valldemossa, donde tenía sus representantes en el Consejo de la villa y, por otra tenía alcalde propio. Pero esta situación provocó conflictos entre los dos alcaldes. Por eso en 1583 el procurador real Hug de Berard y de Palou, concedió a Deiá la Universidad, separándola así de Valldemossa. El mismo día se constituía el primer gobierno municipal.

El municipio de Deiá, por su situación costera, estaba expuesto al ataque de los piratas, desde los berberiscos africanos hasta los turcos, que ya en 1542 había devastado el puerto de Sóller. En 1552 saquearon Valldemossa, en 1558 desembarcaron en Andratx, en 1561 en Sóller y el 1582 ciento cincuenta moros desembarcaron en Sa Foradada y fueron vencidos por 50 mallorquines liderados por el capitán Mateu Sanglada.

A raíz de estos ataques las autoridades mallorquinas decidieron construir un sistema de fortificaciones con torres de señales de fuego por toda la Serra de Tramuntana. En 1609, la Universidad de Deiá pidió la construcción de una torre en la punta del cabo de Deiá, conocida ahora como la torre de Deiá o de sa Pedrissa.

Durante los siglos XVI y XVII Deiá también se vio afectada por la crisis económica. Las crisis agrarias y la falta de suministros, a causa de la peste de 1652, empobrecieron todavía más al pueblo, hecho que provocó la aparición del bandolerismo. Los bandoleros atacaban las posesiones más ricas del municipio. Por orden del virrey, en 1644 Deiá tuvo que crear su propio Cuerpo de Guardia. No fue hasta el siglo XIX cuando la incidencia del bandolerismo disminuyó.

El siglo XVIII no pudo comenzar peor: a la peste y a las deudas había que sumarle la mala cosecha, tanto de grano como de oliva, y la guerra de Sucesión. Muchos deianencs (habitantes de Deiá) tuvieron que sobrevivir de limosnas y del trigo que se repartió. Todos estos factores provocaron el estancamiento de la villa e hizo cambiar su estructura social, que se mantendría hasta el siglo XX.

Deia-Mallorca-Baleares
En el siglo XIX destaca la repercusión que tuvo en Deiá la Ley del 20 de octubre de 1820 que suprimía los conventos de menos de 20 individuos y ordenaba que todos sus bienes pasaran al Estado. Esto solo duraría unos años ya que Fernando VII, en un Real Decreto del 1 de octubre de 1823, suprimió todas las leyes y disposiciones que había aprobado el gobierno constitucional entre los años 1820 y 1823. A mediados de este siglo la población experimentó un fuerte retroceso causado principalmente por la emigración.

Al mismo tiempo, Deiá empezaba a ser conocida en todo el mundo. Pintores, artistas e intelectuales se establecieron en Deiá desde finales del siglo XIX. El Archiduque Luis Salvador inauguró la lista de visitantes ilustres, seguido por Joaquim Mir, Santiago Rusiñol, Rovert Graves o William Waldren, entre otros. A partir de los años sesenta se intensificó la llegada de extranjeros que elegían Deiá como segunda residencia.

Bibliografía

ENSENYAT ALCOVER, Josep F. y VICENS PIZÀ, Carolina (2003): “Deià” en Guia dels pobles de Mallorca. Ed. Hora Nova S.A., Inca (Mallorca). P. 6 – 16.

Fotografías

Virginia Leal © 2016

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Mallorca

miércoles, 22 de octubre de 2014

Visita guiada: "Palma Histórica"


Seguro que habéis paseado infinidad de veces por las calles de Palma. Os conocéis de memoria sus calles y casi podríais llegar con los ojos cerrados a cualquier rincón de ella, ¿verdad? Pero quizá esto haga que paséis por alto muchos secretos que se esconden tras lo que ven vuestros ojos.

Con la ruta de Palma Histórica, pretendemos mostrarte la otra cara de todos aquellos lugares que han formado parte de tu vida en la ciudad, pero que nunca te habías parado a observar detenidamente.
Pasando por todas las épocas (desde la fundación romana de Palma hasta nuestros días) os iremos desvelando personajes y acontecimientos sin los cuales sería inconcebible la historia de nuestra capital.

El Rey En Jaume, el “Capità” Toni, el Born, la Rambla, el “Corral de les Comèdies”, las primeras atarazanas, Jaume Ferrer, Joanot Colom, Isabel II, Sant Miquel, la Banca March, el “Mercat del Fil”… y una larga lista de sitios y personalidades esperan vuestra visita.

Acompañadnos en este recorrido y dejad que os descubramos cuánta historia os rodea.

Texto: Albert Bouzas Cuadrado

Fotografías: Virginia Leal © 2014


PRÓXIMA VISITA GUIADA 26/10/2014 "EL DESBORDAMIENTO DE SA RIERA"

RESERVAS
RESERVAS

domingo, 7 de septiembre de 2014

El Cabo de Formentor y su faro


La península de Formentor cierra la bahía por la izquierda y está constituida por las últimas estribaciones de la Serra de Tramuntana. Formentor ofrece muchas calas y rincones de gran belleza. Justo detrás del Puerto de Pollença  aparece la punta de l´Avançada desde donde hasta el cabo Formentor encontramos las calas de el Caló, cala Pi, cala en Feliu, cala Murta y cala en Gossalba y, al otro lado del cabo de Formentor encontramos cala Figuera, cala la Nao, cala Bóquer y cala Sant Vicenç.

Referencia histórica

Algunos historiadores sitúan los orígenes de Formentor en la época romana, parece que el  nombre deriva de Frumentum.

Después de la conquista la alquería pasó a Bernat Spaniol y a Bernat de Guadellis. Entres 1239 y 1644 la finca fue propiedad de diversos titulares. En el año 1644 la adquirió Margarita Reig y su esposo Joan Ferrer, que murieron sin descendencia. Después de muchos años de pleito, los tribunales otorgaron la propiedad a Miquel Costa i Nadal, la familia del cual la mantuvo hasta 1928, en que fue comprada por Adan Diehl.

La Península de Formentor

Para llegar a Formentor se debe seguir la carretera PM-221, verdadera obra maestra del ingeniero Parietti. La carretera sale del Puerto por la parte de Can Singala, pasa por delante de la base de hidroaviones y por el campo de fútbol.

Podemos visitar la península de Formentor tanto en barca como en coche pero, si elegimos esta segunda opción, antes de llegar al faro tenemos dos paradas obligadas:

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  • El mirador de la Creueta: es un pequeño aparcamiento de la llamada “vuelta de la Creueta”, donde hay una roca-monumento de 1968 en memoria del ingeniero Parietti. Desde este mirador, construido el año 1961 sobre los acantilados a 232 metros del nivel del mar, la vista es impresionante. A poniente, se ve la Punta de la Troneta (362 m) con cala Bóquer y al noroeste, en primer plano, la escarpada punta de la Nau y, detrás, el Pal (423 m) con el Colomer (102 m).
  • La atalaya del Albercuix: según el historiador Segura Salado, la fecha construcción seguramente fuera alrededor de 1595. Lo único que se sabe es que ya en 1957 existía. Se trata de una estructura cilíndrica cuya entrada se hace por un portal adintelado al cual se sube por una escalera de hierro. Durante la Guerra Civil y la Guerra Mundial ésta todavía era útil para instalar un observatorio conectado con la ciudad de Palma por una línea telefónica.
También se organizó un campo de concentración para los prisioneros de guerra. Ellos fueron los que hicieron la carretera y las instalaciones militares que hay. En 1972 su propietario, Francesc Capllonch Miteau tuvo que pleitear para evitar que se derribara. En 1983 el Consejo de Ministros aprobó la expropiación para instalar una radio-farola, pero el Ayuntamiento de Pollença puso un interdicto para evitar la destrucción de la Atalaya y el Estado buscó un nuevo emplazamiento.

El Faro del Cabo Formentor

Se localiza sobre un cabo que acaba en forma de peñasco y se eleva a 200m, en un paraje que resulta completamente espectacular. Este fue sin duda alguna el que supuso mayor esfuerzo y sacrificio de construir respecto a todos  los faros de las Baleares.

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Para acceder al faro partiremos del Puerto de Pollença en dirección al cabo de Formentor. Será necesario atravesar el Puerto y avanzar por la carretera PM-221 unos 20 km.

 Antes de la construcción del faro  no existía ningún tipo de comunicación con el cabo de Formentor. Por ello, en 1857 el proyecto se inició con la construcción de un camino que partía desde cala Murta, un recorrido lleno de curvas y de piedras, que atravesaba 17 km intentando adaptarse a la complicada topografía de la montaña.

Para poder transportar el material de construcción y los trabajadores las embarcaciones se desplazaban desde la bahía de Alcúdia hasta cala Murta, desde donde se subía por el nuevo acceso. Las obras fueron iniciadas y, tras algunos meses, llegó a los oídos del Obispado de Mallorca que los obreros del faro trabajaban sin descansar ni siquiera los domingos. Entonces, el rector de Pollença decidió intervenir y obligó al ingeniero jefe a instalar en Formentor un altar para la celebración de la misa en los días festivos.

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Mientras, Emili Pou inspeccionaba el camino en obras y redactaba el proyecto del edificio que se construiría en el cabo. El diseño del faro era una copia exacta del de Cabrera, ya que la distribución del espacio interior tenía que ser muy amplia y apta para un mínimo de tres familias incomunicadas durante largas temporadas. Emili Pou ya preveía los problemas de suministro de víveres, muy irregular debido a los frecuentes temporales de tramontana.

Doscientos hombres trabajaron en la construcción de este faro. Las obras se iniciaron el 20 de noviembre de 1860 y fueron concluidas en el mes de abril de 1863. Casi tres años para llevar a cabo una construcción ciclópea, llena de desventuras y éxitos.

Unos de los problemas más graves que afectó el ritmo de las obras fue la extracción de la piedra: ésta se encontraba en una distancia de 35 km ya que procedía de la cantera del municipio de Sa Pobla. Los pesadísimos bloquees eran transportados por mar hasta el peñasco de Les Moles, donde se descargaban en los escasos días en que el mar estaba tranquilo.

Desde el improvisado embarcadero de Les Moles, los materiales de construcción, compuestos por sillares de piedra, arena y cal, se subían gracias a unas poleas especiales accionadas por la fuerza de cuarenta hombres. Cuando ya se encontraban en la cima, eran arrastrados sobre unos carriles hasta una zona cercana a la edificación. Finalmente fue inaugurado el 29 de abril de 1863, con maquinaria de segundo orden. Su luz se situaba a 210 m sobre el nivel del mar, lo que le convirtió en el faro más alto de la Baleares. Su alcance máximo era de 19 millas.  
El edificio consta de una planta cuadrada y sus vértices están dirigidos a cada uno de los cuatro puntos cardinales. La torre tiene 20 m de altura y su cúpula ha sido reparada en diversas ocasiones a causa de la acción de los rayos en días de tempestad.

La vida de los fareros era realmente dura. Nadie se quería encargar del suministro de víveres ya que el recorrido por un camino pedregoso era largo – unos 30 km desde Pollença. Las provisiones llegaban en un barco a remos y vela que sólo podía atracar en el peñasco de Les Moles en los escasos días de buen tiempo para desembarcar con facilidad. Además, después de descargar había que subir los 272 escalones esculpidos en la roca que ascendían 300 metros por un camino muy inclinado. Todas las semanas se transportaban de este modo 17 kg de petróleo y víveres. Esta operación debería ser rápida ya que fácilmente cambiaba el viento a levante o sudeste, con lo cual el regreso se hacía peligroso y con grandes posibilidades de naufragio.

Si no se podía efectuar el viaje en barco, se tenía que hacer por tierra. Partían desde Cala en Gossalba y tenían que caminar a pie durante una hora y media por un terreno de carrizo sin senda y entre peñascos. No pocas veces los fareros tuvieron que bajar ellos mismos hasta Pollença porque ya no tenían provisiones. Esta situación duró 88 años. Finalmente, el 2 de diciembre de 1951 fue inaugurada la carretera del Pi de la Posada que unía el faro y Pollença por un camino de sólo 27 km.


Bibliografía

CONTRERAS, Fernando; (2001): “Llibre dels Fars”. Ed. Rey Sol S.A., Palma, p. 77 – 78.

CERDÀ MARTIN, M.; VILANOVA SUAU, B. (1998): “Pollença: guía de passeig”. Ed. El Gall Editor, Pollença, p. 173 – 174, 175 – 178.

Fotografías

Virginia Leal © 2014

Video


martes, 12 de agosto de 2014

Visita guiada viernes 15 de agosto de 2014. “La visita a Ciutat del Cèsar Carles”

Itinerario histórico por el núcleo urbano de Palma para dar a conocer uno de los acontecimientos históricos menos recordados pero más destacables de Ciutat: la visita oficial que en el año 1541, el Rey de España y Emperador del Sacro Imperio Románico Germánico, Carlos de Habsburgo, realizó a la Ciutat de Mallorca. El motivo de esta visita fue hacer escala en la expedición para la conquista de Argel. En este itinerario descubriremos el inolvidable recibimiento con que el pueblo mallorquín obsequió al monarca.

El conductor de la actividad será el licenciado en historia y guía turístico Albert Bouzas Cuadrado.

La actividad comenzará a las 19:00 h. en la Avda. Antonio Maura al lado del Parc de la Mar (cerca de la Oficina de Información Turística).

El precio de la actividad es de: 10,00 € / persona. Plazas limitadas.

Más información e inscripciones: Tel. 971466765 e insula.mallorca@gmail.com y en la web natmallorca.com





















Información y reservas

miércoles, 6 de agosto de 2014

Los jardines de Alfàbia (Bunyola)


En tiempo de dominación musulmana habitaba en un palacio de ensueño, un moro llamado Ben Abet, los dominios del cual se extendían alrededor de toda la zona Norte de Mallorca. La posición de privilegio de Ben Abet dentro de la sociedad mallorquina de aquella época se reforzó todavía más cuando se unió en matrimonio con Abebeia, hija del poderoso jeque de Denia. De todas sus posesiones, las más apreciada por él era la de Alfàbia, donde vivía rodeado de un  montón de cuarteradas de jardines, como un verdadero príncipe.

Cuando llegó la conquista catalana, no vino la desgracia para Ben Abet, ya que este supo adaptarse a la nueva situación política de la isla, convirtiéndose así al cristianismo e, incluso, ayudando al rey Jaume a completar la conquista de Mallorca. Esta política que hoy llamaríamos “colaboracionista”, permitió a Ben Abet la conservación de sus riquezas y privilegios. En los siguientes años a la conquista, el señor de Alfàbia fue un tal Joan Bennàssar. Existen indicios que permiten suponer que este era el nombre cristiano del hijo de Ben Abet, que antes de convertirse al cristianismo se llamaba Abet Ben Assar. Este personaje creó la casta mallorquina de los Bennàssar, que, extendida por todo, ha llegado hasta nuestra época. Por tanto, Alfàbia era la única posesión de Mallorca cuya propiedad fue transmitida de padres a hijos, ya no solo desde los días del “reparto”, sino antes de la conquista.

La posesión ha sido patrimonio, a lo largo de los más de 700 años, de las familias Bennàssar, Santasicília, Berga y Zaforteza, respectivamente, sin que en 7 siglos se haya producido ningún tipo de venta, falta, pleito o permuta. Esta circunstancia propició, sin duda alguna, la preservación de un importantísimo legado histórico, cultural y artístico que fue pasando de padres a hijos, hasta llegar a ser prácticamente patrimonio común.

Respecto al palacio,  cuidadosas obras de reformas han preservado el carácter palaciego de la edificación, aportando, además, el sello de distintas generaciones. Inicialmente las casas de tipología gótica, con un marcado carácter rural y fortificado se estructuraban en torno a un patio cerrado, incorporándose una torre en el siglo XVI. La gran reforma del siglo XVIII dotó a Alfàbia de sus elementos barrocos, los más definitorios de su actual configuración. Esta reforma supuso una ampliación sustancial de las casas originarias, dotándolas de una nueva distribución y decoración pero manteniendo siempre el concepto de casa rural. En la segunda mitad del siglo XIX se produjo una nueva e importante intervención que modificó parte de las reformas anteriores.

Más allá del paseo de plateros y del portal foráneo, detrás del cual hay un artesonado árabe de madera de olivo que está documentado alrededor de todo el mundo como una de las obras maestras del arte musulmán, se encuentra un claustro muy peculiar. Al fondo, la fachada de la casa de los señores, con un portal neoclásico del siglo XVII y dos ventanales elípticos. Las puertas de entrada del palacio eran las de la antigua sede de la Inquisición palmesana.

Detrás de la fuente central del claustro, encontramos un descomunal platero. A la izquierda del claustro, más allá de tres arcadas góticas, se encuentra la casa de los señores. Delante, encontramos una almazara, inmensa, y los antiguos establos. El conjunto formado por las distintas edificaciones, el claustro y el enorme árbol forman un cuadro admirable y de serena belleza.


El interior del palacio se presenta lozano. En la sala grande encontramos encontramos otro techo con artesonado, este del siglo XVII, y un retrato de un noble caballero llamado Pere de Santasicília. Éste vivió en el siglo XVII y fue uno de los señores de Alfàbia. Cuentan las crónicas que su personalidad era muy notable. Hay que mencionar una de las habitaciones donde durmió en una ocasión la Reina Isabel II, cuando la augusta señora visitó oficialmente Mallorca, desembarcando en Sóller. En aquella época, el viaje desde Sóller hasta Palma era largo y arriesgado, por lo que los organizadores de la visita encontraron que convenía que permaneciera en Alfàbia.

La biblioteca del palacio era muy importante. Se encontraban 1.200 antiguos volúmenes, haciendo mención especial al llamado “Llibre de les franqueses”, escrito en el año 1.246, de gran valor bibliográfico e histórico. Encontramos también más estancias, como el comedor donde encontramos una serie de pergaminos.

Mención aparte merece la llamada “Cadira des Rei Moro”, que es, en realidad, el mueble antiguo más valioso e interesante de todos los que hay en Mallorca. Se trata de una suntuosa silla de madera tallada, las figuras de la cual representan la pérdida del reino de Mallorca para Jaume III. El preciado mueble fue expuesto en Viena en el año 1.873 y en París en el 1.878.

Los jardines de Alfàbia tienen mucho renombre, tanto dentro de Mallorca como fuera de la isla. En realidad rodean todo el casal, si bien antiguamente solo ocupaban la parte trasera. Tenemos que pensar que los árabes, maestros en el tratamiento del agua, se entusiasmaron con la abundancia del preciado líquido que había en aquel lugar. El paseo por los jardines comienza en la entrada del casal, girando a la izquierda, para acabar en la parte trasera del mismo casal. Estos jardines destacan por el famoso “juego de agua”, la “caseta del hortelano”, pequeña y recogida, una diminuta obra maestra de la antigua arquitectura popular.


Bibliografía

SEGURA, Miquel y VICENS, Josep (1987): "Possessions de Mallorca. Volum II”. Ed. Edicions Teix (Campos).  p. 105 – 108.


Fotografías

Virginia Leal © 2014

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viernes, 6 de septiembre de 2013

"El Port de Sa Calobra y el Torrent de Pareis"


El Torrent de Pareis es, sin duda, el paisaje más extraordinario de la Serra de Tramuntana. Este sorprendente fenómeno geológico, alojado por visitantes, poetas, músicos y pintores, como Jeroni de Berard, Llorenç Riber, Miquel Costa i Llobera, Guillem Colom, Joaquim Mir, Rusiñol, Luis Salvador de Hasburgo y Lorena…alberga, además, una gran tesoro de flora y fauna, y entre sus acantilados guarda una serie de interesantes historias y leyendas cargadas de misterio. En Sa Calobra entramos en un área ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) que se extiende hasta el cabo de Formentor.

El Port de Sa Calobra es uno de los puntos de mayor atractivo turístico de Escorca y de toda la isla. Este lugar no se consolidó como lugar habitado hasta finales del siglo XVIII, por el miedo que tenían los pescadores de los frecuentes desembarcos de piratas que se alojaban en busca de refugio, aprovisionamiento de agua y discretas rutas y poco vigiladas para sus fechorías ya en tierra. El Port ya aparece documentado a finales del siglo XVI, aunque los pobladores permanecían en el núcleo antiguo de Sa Calobra. Este pequeño puerto ha sido siempre la puerta de comunicación de los alrededores. Hoy en día se ha convertido en uno de los lugares de mayor atracción turística de Mallorca. Numerosas barcas cargadas de visitantes hacen la ruta de ida y vuelta desde el Port de Sóller así como una caterva de autocares recorre la sinuosa carretera de Sa Calobra, enlazando con la ruta de Lluc a Sóller.

El primer trazado de esta carretera, de unos 12 km de recorrido dificultoso, fue proyectada en el año 1920 por Gabriel Roca Garcias, pero no fue hasta el año 1933 cuando se inaugurara el trazado actual, apto para el tránsito, y acabado según un proyecto del ingeniero Antoni Parietti Coll.

La historia de Sa Calobra tampoco está exenta de las manifestaciones de peligro que llegaban del mar, y que durante largas décadas trajeron de cabeza a los calobrins. En 1531 el pirata Barba Roja atacó Pollença y también Sa Calobra, donde hizo numerosos cautivos. En 1568 aparece en los documentos que Andreu Colom “Calobra” era prisionero en tierras sarracenas y en el año 1599 es Joan Colom “Calobra” quien sufre cautiverio. Uno de los acontecimientos más tristes que se recuerda en Escorca es el sucedido el 11 de octubre de 1557, recordado todavía como el de la “desgracia de los moros”, cuando un numeroso grupo de sarracenos entró por esta cala e hizo destrozos en Albarca.

Se puede bajar al arenal por unas escaleras indicadas con rótulos. Al ras de la playa podemos encontrar todavía algunas casetas de pescadores por en medio del entramado de bares y restaurantes turísticos.

Un vial asfaltado conduce a la placeta d´en Vidal, dedicadas a Francesc Vidal Sureda (1888-1942) por su dedicación a favor del turismo en Mallorca. Desde la placeta, conocida también con el nombre de Racó d´en Lluc, a través de unos túneles de unos 200 metros de longitud y perforados en los acantilados, comunicamos con la desembocadura de el Torrent de Pareis. Antes de la construcción de este acceso, realizado en el año 1950, el camino entre el torrente y el puerto  se hacía a través de un dificultoso paso escalonado llamado Carrer Nou, el cual aprovechaba un saliente de los peñascos.


El espectacular escenario de s´Olla es el contrapunto más absoluto a la sensación de estrechez y oscuridad del pasadizo agujereado. El pequeño camino da la sencilla plataforma donde tiene lugar el “Concierto del torrent de Pareis”, una cita anual con el canto coral, instaurada por iniiativa del pintor Coll Bardolet desde el año 1963.

En un rincón podríamos ver brotar a borbotones la caprichosa fuente salada. Esto solo se produce en condiciones especiales y su caudal, como indica su nombre, es salado. De entre la vegetación destaca el aliso, un vistoso arbusto de hoja caduca. Los meses de verano, la playa se ve invadida por multitud de veraneantes.

Vídeo



Bibliografía

SASTRE, Joan y SASTRE, Vicenç (2004): “Mallorca vora mar. Marines de Tramuntana”. Ed. La Foradada / J.J. de Oñaleta, Barcelona, p. 56 – 59.

Fotografías

Virginia Leal © 2013

Enlaces

La excursión se puede realizar o bien desde su sinuosa carretera o bien desde la estación del tren de Sóller en el centro de Palma. Desde el valle de Sóller su famoso tranvía nos conducirá al puerto. Una vez allí, una embarcación nos llevará hacía Sa Calobra pasando previamente por una serie de acantilados que no dejarán indiferente a nadie. Aquí tenéis el enlace dónde poder consultas precios y horarios.

domingo, 5 de mayo de 2013

"Miramar" - Valldemossa



La casa-museo de Miramar, una de las posesiones más antiguas y con más historia de Mallorca, trabaja para mantener y difundir su importante patrimonio histórico y cultural. Su objetivo es dar a conocer a mallorquines y foráneos dos de las figuras imprescindibles de la historia de Mallorca: Ramón Llull y el Archiduque Luis Salvador.

En 1240 ya aparece documentada esta posesión como en el rafal árabe de Alcorayola. En 1276, por iniciativa de Ramon Llull, el rey Jaume II de Mallorca, estableció allí el Colegio de Lenguas Orientales de Miramar. Posiblemente, por la excelente ubicación de la posesión, esta pasara a llamarse Miramar.

Ramon Llull vio la necesidad de comprender la mentalidad y la cultura del islam como forma de tramar una acción de proselitismo eficaz. El Miramar misional constituirá un hecho reconocido en la difusión del pensamiento cristiano. El colegio desapareció pocos años después, en 1295. Durante los años de funcionamiento el beato escribió allí la obra más difundida de su corpus: “El Llibre d´amic e amat”. Además, Miramar fue la fuente de inspiración de una de las primeras estrofas de literatura paisajística en lengua catalana, incluidas en su bello poema Cant de Ramon.

En 1485 se instaló en Miramar la primera imprenta de Mallorca y una de las primeras de todos los países de habla catalana. En el siglo XVI vivió el padre Antontio Castañeda, ermitaño y padre espiritual de santa Catalina Tomàs. Fue capitán de los ejércitos de Carlos V, pero desengañado de la vida que llevaba, se retiró a Valldemossa, donde vivió como ermitaño, primero en una cisterna, después en una cueva y finalmente en Miramar hasta su muerte el 1583. Después de esto la historia de Miramar, hasta la llegada del Archiduque, se caracteriza más bien por la constante presencia de ermitaños.

Posteriormente, en 1872, el Archiduque Luís Salvador de Hasburgo-Lorena- uno de los miembros de la corte imperial austrohúngara-, adquirió la finca, reformó las casas y la capilla, recuperando así la memoria de Ramon Llull y el mensaje de respeto y disfrute de la naturaleza construyendo numerosos caminos y miradores; también embelleció el conjunto con dos jardines contiguos y proyectó el Jardín de la Torre del Moro. Los interiores fueron nuevamente amueblados con piezas mallorquinas tradicionales y con otras que eran copia de las que había anteriormente.  

El Archiduque concibió Miramar como un lugar abierto a todos los visitantes, por lo que en 1873 abrió la hospedería de Ca madò Pilla. Con motivo de la colocación de la primera piedra del oratorio de Ramon Llull, el 21 de enero de 1877, se hizo una gran celebración religiosa. Cuatro días después tuvo lugar una gran fiesta literaria, en recuerdo del sexto centenario de la fundación de Miramar. Enamorado de estos lugares, el Archiduque invitó a relevantes personalidades de la época a visitarlos, entre los cuales destaca la legendaria Sisí de Austria, que quedó tan impresionada que bautizó con el nombre de Miramar a su hijo.

A la muerte del Archiduque, en 1915, el heredero fue su secretario, Antoni Vives Colom, para después pasar a su hija Lluïsa Vives Venezze, casada con el pintor Antoni Ribas Prats; actualmente es propiedad de la hija de los anteriores, Silvia Ribas Vives.

La visita a Miramar

La visita a Miramar comienza en el área de recepción. Fuera del recinto de casas se sitúa la tafona (almazara). Se encuentra en perfecto estado de conservación; cuenta con una prensa mecánica y sobre el rotlo (rulo) se puede ver la fecha “1934”. Al lado se sitúa la sala de mapas donde, además de contemplar los intensos esfuerzos del Archiduque viajero sobre la cartografía del Mediterráneo, encontramos una buena colección de imágenes de la época, tanto del protagonista como de su mundo. Destaca el libro enrollable dedicado a Alexandrete, colgado en la parte superior de la sala.

Desde la entrada se accede en primer lugar al jardín. Contiene una interesante selección de árboles y plantas autóctonas, entre los que destacan dos tejos. Sobre uno de los muros conservados de la antigua edificación se alza un fragmento del claustro gótico del convento de Santa Margalida de Palma. Llegó al Archiduque a través del escritor y maestro de obras militar Pere d´Alcàntara Peña, quien lo había desmontado a causa de un grave peligro que sufría por las obras de transformación del convento en hospital. Consta de 17 arcos góticos, trifoliados, sostenidos por 19 columnas.

A la derecha del jardín, se alza la capilla de Miramar, la primera obra de rehabilitación que comenzó Luís Salvador después de la compra. El actual edificio se corresponde con una de las capillas laterales de la primitiva iglesia. Las obras fueron llevadas a cabo por Bartomeu Ferrà entre 1872 y 1873. La capilla se encuentra precedida por un atrio que cubre la entrada, decorado por el relieve de un demonio. El tejado está rematado por una espadaña.

El interior de la capilla es de un solo tramo de bóveda de crucero y sobre la clave podemos contemplar el escudo del Archiduque. Sobre el altar hay un retablo, formado por un tríptico. El centro está presidido por la Trinidad, mientras que en los laterales están representados Ramon Llull y santa Catalina Tomàs.

La capilla contiene otras piezas de gran interés como la escultura de la Mare de Déu de la Garda, a la derecha del oratorio. Esta pieza fue donada por la emperatriz Elisabet de Austria, después de su segunda visita a Miramar. Es una delicada imagen en mármol blanco, levantada sobre una pilastra donde hay una placa colocada por Luís Salvador como recuerdo de esta donación.

En la otra parte del jardín se ubican las casas de Miramar. El edificio tiene tres plantas de altura, cubierto por dos vertientes y con las cuatro fachadas decoradas (a excepción de la torre) por un esgrafiado obra del propio Archiduque, quien se inspiró en una casa de Establiments. La entrada desde el jardín se efectúa bajando unos escalones sobre una pérgola sostenida por cuatro columnas procedentes del antiguo claustro de Miramar. El portal da a la primera vertiente de las casas, construido por Luis Salvador.

A la izquierda se encuentra la actual sala de conferencias, llamada anteriormente la sala de la Fuente, ya que durante las obras apareció una pica. El fondo de la sala está decorado por un conjunto de conchas que representa la figura del Doctor Iluminado, inspirado en la xilografía de Pere Posa Apostrophe Raimundi, de 1504. El Beato se encuentra flanqueado por dos cipreses, mientras que encima se encuentra el escudo archiducal y la inscripción en italiano “Anno 1872”. Toda esta sala está recorrida a media altura por un enladrillado, inspirado también en la xilografía.

En la sala de la derecha se ubica uno de los elementos más impresionantes del patrimonio de Miramar: el cenotafio de Vratislau Viborny, el primer secretario del Archiduque, muerto en Palma el 25 de julio de 1877, con tan solo 24 años. Esta romántica escultura, obra de Antonio Tandardini, representa la resurrección del joven mientras un ángel recoge el alma. Sobre las paredes cuelgan fotografías de la familia y de la trayectoria personal del Archiduque. La sala todavía conserva el suelo original y el enladrillado de los bajos de la pared, inspirados en los que decoraban la portería del locutorio del convento de Santa Magdalena de Palma.

Desde aquí pasamos a la parte primitiva de las casas a través de dos pequeños arcos de medio punto, uno de los cuales, antes de la reforma del Archiduque, correspondía con el portal que daba al claustro. Es muy probable que el suelo empedrado de toda esta ala sea de la época de Ramon Llull. En la parte derecha se ubica la entrada de la antigua habitación de los mensajes y la cámara que acoge una recreación del interior del barco del Archiduque, el Nixe II. En la parte izquierda se encuentra una cocina tradicional, con chimenea y viadera, y la escalera que sube a la planta noble.

Desde la segunda vertiente se accede al mirador de poniente, desde donde se aprecian unas magníficas vistas de la costa mallorquina. La preceden pinares y los restos de la torre-oratorio de Ramon Llull, medio derrumbada después de que en 1975 impactara un rayo. Sobre la fachada hay adosadas varias placas conmemorativas dedicadas al recuerdo del Archiduque. Destaca la que reproduce los versos del poeta mallorquín Joan Alcover. Como elemento curioso, al lado del portal, hay una gran ancla proveniente del Nixe II. En la parte izquierda se puede ver la sólida torre de defensa.

La fachada del sur hoy en día está fuera de la visita a las casas. En el lado opuesto, al norte, al lado de la capilla, se ubica el Jardín de Cipreses, que ocupaba el espacio de la antigua iglesia de Miramar. Cuenta con un curioso empedrado en forma de cruz.

A través de una escalera situada debajo del mirador se baja hasta el Jardín de la Torre del Moro. Es una de las obras más singulares de Luís Salvador. Este espacio fue concebido con la idea de hacer un jardín botánico con muestras de plantas y los árboles más significativos de la flora insular. Ocupa un espacio de unos 200 metros cuadrados, levantado sobre un altísimo muro de pedra en sec. Se encuentra limitada por una pequeña pared coronada por 33 almenas. En la parte central hay dos pasteras, cada una de las cuales contiene una estrella de 9 puntas, hechas con la intención de evocar el Ars Combinatoria lul·liana. En la parte superior se encuentra el safareig (estanque). Los muros laterales presentan una disposición escalonada, decorados con copas de mármol de gran tamaño que contienen curiosos grafitos de principio de siglo XIX.

Desde el Jardín de la Torre del Moro, bordeando un marge, se llega a otra obra paradigmática del Archiduque: los Pontets de la Font Coberta. Hay en total 13 y atraviesan el badén empedrado que baja de la fuente. Desde aquí, por un caminito escalonado se puede ir hasta las Cuevas de Poniente. Un poco más abajo se localiza el Mirador de sa Ferradura, desde donde se obtiene una de las más espléndidas vistas de sa Foradada.

Bibliografía: “Les Possessions de Mallorca. Vol. I.”, de Tomas Vivot; “Guia del paisatge cultural de la Serra de Tramuntana”, de Gaspar Valero i Marti; “El paisatge del Arxiduc”, de Nicolau S. Cañellas Serrano; “Les possessions mallorquines de l´Arxiduc”, de Sebastià Trias Mercant.
Fotografías: Virginia Leal.