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miércoles, 3 de febrero de 2016

"Deiá: el rincón de los artistas"


El nombre del pueblo de Deià tiene su origen en el término árabe daia o ad-daia, que significa campo, según la teoría de Joan Coromines.

Deia-Mallorca-BalearesDeià es un pequeño municipio situado en la vertiente norte-occidental de la Serra de Tramuntana, que
en este sector toma el  nombre de serra des Teix. Limita con Sóller, Bunyola, Valldemossa y con el mar, siendo el quinto término más pequeño de Mallorca. Este municipio presenta tres zonas bien diferenciadas: es Puig o parte alta, coronado por la iglesia y el cementerio; la parte media a lo largo de la carretera de Valldemossa – Sóller: y es Clot o zona baja, que antiguamente fue el núcleo de la población principal.

Este pequeño pueblo se encuentro a solo media hora en coche desde Palma. Se llega por la C-710, una sinuosa carretera que bordea la costa desde Valldemossa a Sóller ofreciéndonos uno de los itinerarios más sorprendentes del litoral Mallorquín.

Historia de Deiá

El origen de la ocupación de Deiá tenemos que buscarlo en los primero pobladores permanentes de Mallorca. Se han encontrado tres yacimientos arqueológicos de gran importancia para el estudio de la prehistoria mallorquina:

-          La cueva de Betlem, donde Manuel Rosentigni y Wladimir de Lamsford descubrieron en 1958 unos grabados. Este conjunto de grabados ha sido interpretado como la representación de un episodio de caza.

Myotragus-Deia-Mallorca-Baleares
-      La cueva de los Muertos de Son Gallard, excavado por el Dr. William Waldren, es una gruta donde se ha encontrado un nivel de habitación neolítica de entre el 4250 y el 3700 aC. Se la considera como la necrópolis más antigua de las islas y fue utilizada como tal hasta la conquista romana en 123 aC.

-        La cueva de Son Marroig, excavada también por Waldren, es una necrópolis pretalayótica. Se encontraron 8 cráneos y largos huesos a su alrededor.

También dejó huella la presencia romana por la cerámica encontrada y por el desarrollo del cultivo de olivos. Pese a ello, no se ha encontrado ningún yacimiento de esta época.

Durante la dominación islámica, Deiá, pertenecía al juz’ de Bunyula-Musu. La presencia árabe es evidente gracias a la toponomia de Deiá, Llucalcari, Castell del Moro y en los numerosos encuentros de cerámica y otros utensilios encontrados en todo el municipio.

Después de la conquista de Jaume I (1229), Deiá fue concedida a Nunó Sanç, excepto Llucalcari, que fue donado a Gilabert de Cruilles. Siete años después de este reaprto Nunó Sanç fundó el monasterio de los monjes de Sant Bernat de la Real y entregó a su abad todo el dominio y jurisdicción de Deiá. Murió en 1244 sin descendencia y, como era pariente de Jaume I, todos sus bienes pasaron a la parte real, incluido Deiá.

En 1276, Ramon Llull consiguió de Jaume II un contrato de intercambio que le permitió fundar un colegio de frailes menores en Miramar; por esta razón Jaume II entregó al abad de la Real la gran alquería de Deiá. Los mojes del Císter hicieron prosperar el territorio gracias especialmente a la agricultura.

Deiá ya era administrativamente especial: por un lado formaba una sola Universidad con Valldemossa, donde tenía sus representantes en el Consejo de la villa y, por otra tenía alcalde propio. Pero esta situación provocó conflictos entre los dos alcaldes. Por eso en 1583 el procurador real Hug de Berard y de Palou, concedió a Deiá la Universidad, separándola así de Valldemossa. El mismo día se constituía el primer gobierno municipal.

El municipio de Deiá, por su situación costera, estaba expuesto al ataque de los piratas, desde los berberiscos africanos hasta los turcos, que ya en 1542 había devastado el puerto de Sóller. En 1552 saquearon Valldemossa, en 1558 desembarcaron en Andratx, en 1561 en Sóller y el 1582 ciento cincuenta moros desembarcaron en Sa Foradada y fueron vencidos por 50 mallorquines liderados por el capitán Mateu Sanglada.

A raíz de estos ataques las autoridades mallorquinas decidieron construir un sistema de fortificaciones con torres de señales de fuego por toda la Serra de Tramuntana. En 1609, la Universidad de Deiá pidió la construcción de una torre en la punta del cabo de Deiá, conocida ahora como la torre de Deiá o de sa Pedrissa.

Durante los siglos XVI y XVII Deiá también se vio afectada por la crisis económica. Las crisis agrarias y la falta de suministros, a causa de la peste de 1652, empobrecieron todavía más al pueblo, hecho que provocó la aparición del bandolerismo. Los bandoleros atacaban las posesiones más ricas del municipio. Por orden del virrey, en 1644 Deiá tuvo que crear su propio Cuerpo de Guardia. No fue hasta el siglo XIX cuando la incidencia del bandolerismo disminuyó.

El siglo XVIII no pudo comenzar peor: a la peste y a las deudas había que sumarle la mala cosecha, tanto de grano como de oliva, y la guerra de Sucesión. Muchos deianencs (habitantes de Deiá) tuvieron que sobrevivir de limosnas y del trigo que se repartió. Todos estos factores provocaron el estancamiento de la villa e hizo cambiar su estructura social, que se mantendría hasta el siglo XX.

Deia-Mallorca-Baleares
En el siglo XIX destaca la repercusión que tuvo en Deiá la Ley del 20 de octubre de 1820 que suprimía los conventos de menos de 20 individuos y ordenaba que todos sus bienes pasaran al Estado. Esto solo duraría unos años ya que Fernando VII, en un Real Decreto del 1 de octubre de 1823, suprimió todas las leyes y disposiciones que había aprobado el gobierno constitucional entre los años 1820 y 1823. A mediados de este siglo la población experimentó un fuerte retroceso causado principalmente por la emigración.

Al mismo tiempo, Deiá empezaba a ser conocida en todo el mundo. Pintores, artistas e intelectuales se establecieron en Deiá desde finales del siglo XIX. El Archiduque Luis Salvador inauguró la lista de visitantes ilustres, seguido por Joaquim Mir, Santiago Rusiñol, Rovert Graves o William Waldren, entre otros. A partir de los años sesenta se intensificó la llegada de extranjeros que elegían Deiá como segunda residencia.

Bibliografía

ENSENYAT ALCOVER, Josep F. y VICENS PIZÀ, Carolina (2003): “Deià” en Guia dels pobles de Mallorca. Ed. Hora Nova S.A., Inca (Mallorca). P. 6 – 16.

Fotografías

Virginia Leal © 2016

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Mallorca

miércoles, 22 de octubre de 2014

Visita guiada: "Palma Histórica"


Seguro que habéis paseado infinidad de veces por las calles de Palma. Os conocéis de memoria sus calles y casi podríais llegar con los ojos cerrados a cualquier rincón de ella, ¿verdad? Pero quizá esto haga que paséis por alto muchos secretos que se esconden tras lo que ven vuestros ojos.

Con la ruta de Palma Histórica, pretendemos mostrarte la otra cara de todos aquellos lugares que han formado parte de tu vida en la ciudad, pero que nunca te habías parado a observar detenidamente.
Pasando por todas las épocas (desde la fundación romana de Palma hasta nuestros días) os iremos desvelando personajes y acontecimientos sin los cuales sería inconcebible la historia de nuestra capital.

El Rey En Jaume, el “Capità” Toni, el Born, la Rambla, el “Corral de les Comèdies”, las primeras atarazanas, Jaume Ferrer, Joanot Colom, Isabel II, Sant Miquel, la Banca March, el “Mercat del Fil”… y una larga lista de sitios y personalidades esperan vuestra visita.

Acompañadnos en este recorrido y dejad que os descubramos cuánta historia os rodea.

Texto: Albert Bouzas Cuadrado

Fotografías: Virginia Leal © 2014


PRÓXIMA VISITA GUIADA 26/10/2014 "EL DESBORDAMIENTO DE SA RIERA"

RESERVAS
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martes, 25 de febrero de 2014

"El cementerio de Sóller"


El cementerio de Sóller es un verdadero jardín, bien cuidado, lleno de flores y verdes plantas y dotado de bellas estatuas de gran valor plástico trabajadas por artistas como Josep Llimona, Miquel Arcas o Cristòfor Quintana. Los terrenos donde está ubicado fueron bendecidos en el año 1814 pero no comenzaron a utilizarse de manera sistemática hasta el año 1841.

Fue en el año 1894 cuando sufrió una ampliación, diseñada por el arquitecto Josep Alomar (1913) y una tercera planificada por Lluís García-Ruiz (1989). La estela (monumento) más antigua que existe es de 1850, y en ella se pueden localizar muchas inscripciones en catalán, castellano y francés, que certifican los numerosos lazos que unen la ciudad de Sóller con la Península, Francia, Bélgica y América Latina.

El acceso al cementerio se realiza por el portal bajo, que se abre sobre un dintel culminado por un frontón con el escudo de Sóller en el tímpano y la fecha de apertura (1828). Un pórtico de madera y tablas con una cruz encima protege la puerta de la lluvia.

Al final del sendero de losas nos encontramos con la capilla (1841), que es de única nave y bóveda de cañón a la cual le falta el presbiterio. Ocupa una superficie de 22 metros cuadrados, tiene una altura de casi 5 metros y dispone de dos sacristías de pequeñas dimensiones. El retablo es único y presenta las estatuas de Cristo crucificado y de la Virgen Dolorosa, de dimensiones naturales.

El paseante dispone de completa libertad para recorrer el recinto de la manera que considere más oportuna, porque una amplia escalinata lo conduce a las sucesivas plataformas que constituyen el cementerio. Son remarcables las estatuas de ángeles, las cruces, las lápidas de mármol y las rejas de hierro primorosamente trabajadas, así como la decoración a base de hierros, flores, cerámicas, medallones y libros confeccionados con el mármol rosa y blanco de la región.

En el segundo nivel la escalera describe un semicírculo y da paso a un grupo de panteones muy vistosos, con artísticas estatuas en actitud plañidera y cruces de mármol rodeadas de cipreses, palmeras y árboles de follajes de todo tipo.

La salida se realiza por el portal de arriba, una bella estructura de arco de herradura con las letras de alfa y omegay un sol esculpido en la llave, y culminada por una cruz con un ángel en relieve. Las gruesas pilastras laterales están coronadas por sendas copas cuadradas cubiertas por un paño. Todo el conjunto es de piedra calcaria y fue esculpido por el maestro Bartomeu Colom en el año 1916.

Bibliografía

PÉREZ PASTOR, Plàcid (1995): “Sóller, a peu. Iitineraris urbans”. Associació Cultural Veu de Sóller, Sóller, p. 124 – 126.

Fotografías

Virginia Leal © 2014

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domingo, 23 de febrero de 2014

La Granja de Esporlas


La Granja de Esporles es uno de los emblemas patrimoniales de Mallorca. Las casas son el producto de una evolución histórica que tiene como punto culminante el siglo XVIII, cuando Ramón Fortuny de Ruesta i Gual las reformó profundamente otorgándole el aspecto señorial e italianizado que las han hecho tan características.

Aunque fuera un lugar idealizado, casi idílico para muchos, la Granja ha funcionado históricamente como cualquier otra posesión, sólo que con un sustancial añadido: el agua. El primer asentamiento de las casas se debe a la abundancia de la fuente de la Granja, llamada en época medieval la Font de Déu (Fontis Dei). Pero la importancia de esto reside, además, en el hecho de que alimenta la fuente artesana llamada d’en Baster, desde donde nace la gran acequia que daba agua a Palma. Esto, no sólo supuso un incuestionable beneficio para los ciudadanos, propietarios y molineros, sino que también fue motivo de grandes discordias históricas entre sus propietarios, la vila d’Esporles y, en el siglo XX, con la comunidad de regantes de la acequia. Gracias a esta suficiencia, la Granja ha contado hasta con cuatro molinos hidráulicos, dos de los cuales fueron sarraïns (sarracenos), y con una producción hortícola de primer orden. Asimismo, por su ubicación entre montañas, ha sido una excelente posesión de olivo, con un potencial de producción de aceite tan elevado que durante el siglo XIX la tafona tuvo cuatro vigas que funcionaban a pleno rendimiento. Finalmente, las grandes masas de encinas fueron explotadas de manera intensa, tal y como demuestran la gran cantidad de ollas de cal y depósitos tradicionales.

Durante la época musulmana fue una importante alquería llamada Alpic. Posteriormente, estas tierras correspondieron al conde del Rosselló, Nuno Sanç que en 1233 la donó a la orden cisterciense para construir un monasterio. La carta definitiva de fundación se otorgó en el año 1239 y comprendía la vila d’Esporles, la alqueria Alpic y sus molinos, y el lugar llamado la Real. A mediados del siglo XIII, existían en Mallorca al menos tres granjas fundadas por los  monjes del Císter: la Granja de la parroquia de Felanitx, la Granja de Deià y la Granja de Esporles.

Los monjes del Císter ocuparon poco tiempo la alquería Alpic, ya que en 1266 fundaron el monasterio de la Real. En 1360 se documenta el primer contrato de arrendamiento de la finca y menciona que había esclavos, ganado, una capilla y dos molinos de agua, uno llamado Sobirà y otro de la Figuera. El sistema de explotación directa por parte de los monjes acabó en el año 1444. Poco después, en 1477, la possessió pasó a manos de Joan Vida, cuyos herederos la poseyeron hasta el siglo XX.

Arquitectura

Desde el punto de vista arquitectónico las casas de la Granja presentan una volumetría y una distribución compleja, fruto de las modificaciones y anexos incorporados con el paso del tiempo. La fachada principal se orienta a Tramuntana, delante de una espaciosa explanada dotada de altos plateros. Cuenta con tres plantas de alzado, con el portal forà (portal foráneo) de arco redondo dovelado. Corona el portal un escudo barroco con las armas de Ramon Fortuny de Ruesta i Gual (y Despuig y Safortesa), con el grabado de armas de la familia Vidal en el centro.

El paso de entrada está cubierto por un techo de vigas, sostenido en la parte interior por un gran arco rebajado con columnas adosadas donde puede verse sobre el capitel el escudo de la familia Fortuny. En la parte derecha se encuentra la capilla. Tiene portal adintelado, sobre la cual hay media corona de grandes dimensiones. En el fondo, sobre el altar, encontramos un retablo barroco con una pintura que representa la Sagrada Familia.

Desde el paso de entrada se accede a un segundo tramo dotado de dos grandes arcos rebajados. El capitel de la columna central muestra también el escudo de los Fortuny. A la izquierda se abre el portal que da a un pasillo escalonado que conduce al molino de sangre y a todas las dependencias de la planta baja del ala de levante.

La claustra es de planta cuadrangular, empedrada, en el centro de la cual hay un surtidor octogonal. Desde aquí se puede admirar la espectacular lonja de 9 arcos de medio punto, con columnas jónicas y balaustrada. Al fondo de la claustra encontramos un arco rebajado con bóveda de arista y la escalera que sube a la planta noble. Encima del ala de gregal, sobre la galería cerrada, se puede observar un reloj de sol que data del año 1716.

La fachada del sudeste es una de las más bellas de Mallorca. Se alza majestuosa sobre los jardines, el gran safareig y un tramo empedrado donde se separan los surcos formados por muchos decenios de paso de carruajes. El paramento se encuentra cubierto con una capa de tonalidad ocre, rota solamente por el marco blanco de las aperturas. Tiene cuatro plantas de alzado donde, en el medio del tercer piso, se enmarca la bella lonja flanqueada por los dos extremos del edificio.

En la planta baja se ubican diversas ventanas y algunos portales adintelados, mientras que en el primer piso hay 7 ventanas cubiertas por marquesinas. La planta baja del edificio acoge las dependencias relacionada con las actividades tradicionales de la casa: una salera, una cocina tradicional, almazara manual, antiguos establos cubiertos con bóveda de cañón (convertidos en salas de tortura y de Tribunal de la Inquisición) y finalmente la sala del molino de sangre.

En el primer piso se distribuyen las estancias destinadas a actividades económicas tradicionales, entre las cuales encontramos el celler, la hojalatería, la tintorería y los telares, la espartería, la carpintería y la sala de los alambiques. De todas ellas destaca la tafona, que ocupa una gran sala de planta rectangular. Se encuentra mecanizada y se accionaba a partir de la fuerza hidráulica. En el centro se encuentra la almazara, con tolva metálica, y en uno de los laterales, la prensa mecánica, fabricada en Alcoi. Al lado de la tafona, está la tienda de aceite.

En la planta noble se localizan un buen número de estancias que recrean las salas nobiliarias de los siglos XVIII y principio del XIX. Encontramos el “salón de té” (ornamentado con pinturas siguiendo la técnica de trompe l’oeil), la gran sala (con una interesante muestra de mobiliario y óleos), la sala de música, la sala de entrada (con una espectacular maqueta del interior de un teatro), una habitación mallorquina barroca (donde hay una cama con cubrecielo  entre otros elementos), una habitación con despacho, la lonja barroca, el despacho del médico, la botica, una sala de juegos, el comedor de los señores, la cocina de los señores (con una completa colección de objetos tradicionales propios de esta estancia), el horno y el rebost (despensa). Finalmente, de esta planta destaca una interesante cámara dotada de tres estancias paralelas que bien podría tratarse de una antigua tienda del molino hidráulico.

Desde la planta noble se puede acceder al jardín posterior de las casas, llamado el “jardín rocoso”. En el centro se ubica un surtidor ornamentado y detrás el lagar de uno delos molinos de la casa, hoy convertido en un salto de agua. Encima se alza la estatua de una musa. El interior del antiguo obrador contiene dos arcos apuntados, muy primitivos. Hacia la izquierda encontramos la lavandería y la tintorería, el palomar y un bancal con una pérgola dotada de columnas de marés muy antiguas, posiblemente procedente de la estructura primitiva de las casas. Desde aquí se puede acceder a otro molino hidráulico. Por el lado oeste se encuentra la cochera, la sala de herramientas, el granero, el molino de los alfareros, otra lavandería y la hiladora.

Finalmente, el jardín botánico, situado bajo las casas, es uno de los más espectaculares de la isla. Cuenta con un gran estanque dotado de un impresionante surtidor. Delante encontramos un gran conjunto de especies vegetales, entre las que destaca un tejo gigante, cañas de bambú, olmos, bojes y chopos, y otros ejemplares. El conjunto está ornamentado con una bella pérgola escalonada que otorga al espacio un delicioso aire romántico.

Bibliografía

VIVOT, Tomàs (2006): “Les possessions de Mallorca. Volum  1”. Ed. El Gall Editor, Pollença, p. 122 - 123, 125 -126, 129 – 132 y 134.

Fotografías

Virginia Leal © 2014

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martes, 16 de julio de 2013

"El Gran Hotel". Caixa Forum de Palma.


El edificio del antiguo Gran Hotel forma parte de la historia reciente de Mallorca. Fue el primer establecimiento hotelero de categoría en toda la isla, pionero de aquella “industria de los forasteros” que iba a cambiar radicalmente la economía y la sociedad mallorquinas. Arquitectónicamente, constituye el mejor exponente del modernismo en la isla, felizmente recuperado después de una costosa labor de restauración. En la actualidad sirve de sede a la Fundación “la Caixa”, y representa uno de los puntos de cita de la actividad cultural de la ciudad de Palma.

Historia

El Grand Hotel (originalmente utilizaba el nombre en francés, como los establecimientos más lujosos de su tiempo) se construyó entre 1901 y 1903, en un momento en que Mallorca comenzaba a atisbar las posibilidades de un desarrollo turístico aunque reducido a los viajeros de alto nivel económico, intelectuales y artistas.

El hotel representó una verdadera evolución para la época. Fue proyectado por el arquitecto catalán Lluís Domènec i Montaner, autor entre otras obras del Palau de la Música de Barcelona. El Grand Hotel se inscribía así en la corriente del modernismo, lo más avanzado en su tiempo, y combinaba la audacia estética con los requerimientos del confort.

El establecimiento ocupaba una extensión de 1061 metros cuadrados. Tenía cuatro pisos, y en los sótanos se situaban las bodegas, los caloríferos, la instalación de gas y electricidad, la cocina y las dependencias del personal. La planta baja albergaba el comedor de huéspedes, el restaurante, un salón para señoras, un salón de fumar y las oficinas. Desde allí, por medio de una escalera regia y un coquetón ascensor, se accedía a los pisos ocupados por las habitaciones. Según la prensa de la época, allí se encontraban “los salones ricamente adornados, cuartos de baño, WC particulares y cuartos habitaciones. En todas ellas existen caloríferos y pueden dar cabida muy cómodamente a 170 personas”.

Toda la decoración y mobiliario era de primera clase, con elementos comprados en el extranjero. La cubertería, por ejemplo, procedía de la factoría austríaca de Arthur Krupp. Otra innovación revolucionaria estribaba en que el Grand Hotel fabricaba su propia electricidad y calefacción, todo ello en una época de gas y quinqués.

En consonancia con esta atmósfera suntuosa, se buscó la participación de numerosos artistas. Joaquim Mir y Santiago Rusiñol aportaron así siete murales para el gran salón comedor, que se mostraban junto a cerámicas de la firma Puyans i Català y de Sa Roqueta. Las artísticas cristaleras fueron encargadas a Ferrés y Cía, de Barcelona.

Los precios eran elevados. Aparte, había que pagar diferentes suplementos por baño, ducha y calefacción.

La inauguración del Grand Hotel, el 9 de febrero de 1903, constituyó un acontecimiento social. La plaza de Weyler se llenó de carruajes con autoridades, aristócratas, cónsules, periodistas e invitados. El edificio fue bendecido por el obispo Pere Campins, tras lo que se celebró una cena de gala. Los brindis fueron efectuados por Miquel del Sants Oliver y el poeta Joan Alcover.

En su primera etapa el hotel estuvo dirigido por el señor Albareda, un profesional de gran prestigio que entre otras cosas impulsó una guía turística de Mallorca dedicada a los clientes del hotel, pionera en su género. Más tarde se harían cargo de la dirección el propietario, Juan Palmer, y su hijo, quienes lograron consolidar el negocio. En aquellos tiempos, el Grand Hotel rivalizaba con  los mejores de Madrid y Barcelona.

Los años difíciles de la guerra civil supusieron el colapso del turismo y de los visitantes de prestigio. Durante la contienda, el Grand Hotel fue residencia de los oficiales y suboficiales de la aviación italiana. Finalmente el edificio fue vendido en la década de los cuarenta y se convirtió en la sede de las oficinas del Instituto Nacional de Previsión. Este nuevo uso supuso una importante transformación. Fueron suprimidos los coronamientos neogóticos que caracterizaban la fachada, se cegaron varias entradas, muchos elementos decorativos fueron cubiertos o desmontados y el interior quedó irreconocible. Posteriormente se instalaron en el antiguo hotel  un juzgado y la oficina del censo, lo que precipitó un estado de avanzado deterioro.

En esas condiciones adquirió la Caixa d’Estalvis i Pensions de Barcelona (“la Caixa”) el antiguo Grand Hotel, con el propósito de construir la sede la Fundació “La caixa” en Mallorca. Las obras de rehabilitación comenzaron en 1987 a cargo del arquitecto pere Nicolau. Los trabajos duraron 7 años y costaron alrededor de 1.100 millones de pesetas. Hubo que rescatar numerosos elementos decorativos, reparar otros y reponer los que resultaban más característicos, como los coronamientos de la fachada. Se intentó recuperar el máximo posible de piezas y elementos del viejo hotel para revivir su carácter. La inauguración de las obras tuvo lugar en julio de 1993, noventa años después de que abriese sus puertas el Grand Hotel, y fue un evento social tan importante como la primera inauguración, con asistencia de los reyes de España.

La visita

La fachada del Grand Hotel ha sido recuperada después de un minucioso trabajo de investigación, basado en fotografías de época e incluso los esbozos originales de Domènec i Montaner. El edificio, en la línea modernista, seguía una intención de arte total y combinaba arquitectura con escultura, cerámica e interiorismo. Tal como describe Miquel Seguí, “en la fachada predominan las líneas híbridas y orientalizantes. Su desbordante floralismo decorativo aproxima la obra de Domènech al movimiento europeo en su vertiente naturalista. El elemento vegetal y floral se extiende a lo largo de todo el edificio, sobre balaustradas, capiteles y molduras, y en las decoraciones interiores. Junto al ornamento naturalista aparece la cerámica policromada de influencia hispano árabe y elementos decorativos como aguiluchos o dragones”.

El bar de la fundación y la librería ocupan los lados de la parte baja, que ha recuperado las entradas que tuvo en su origen. Al penetrar en el edificio se encuentra lo que fuera el comedor del Grand Hotel. En la actualidad, la estancia se utiliza para exposiciones.

En el Grand Hotel de hoy se encuentran salas de actos, talleres educativos, una mediateca y sobre todo una exposición permanente de la obra de Hermenegildo Anglada Camarassa, artista catalán de finales del siglo XIX afincado en Mallorca. Los fondos de esta muestra se encontraban en el Port de Pollença hasta que fueron adquiridos por la Caixa en 1988. La colección está formada por 79 óleos pintados entre 1898 y 1953, así como recuerdos personales del artista y 125 dibujos.

Bibliografía

GARRIDO, carlos y ORTEGA, Elena (1996): “El Gran Hotel. Palma: Pentágono cultural II” en Guía del Patrimonio. Recorridos culturales de las Islas Baleares. Ed. El Dia del Mundo, Palma, p.85 – 89.

Fotografías

Virginia Leal © 2013
FAM (Fotos Antiguas de Mallorca)


martes, 30 de abril de 2013

La Font del Sepulcre



La Font del Sepulcre es un antiguo aljibe integrado en la red hidráulica islámica, por la cual bajaba el agua de la parte alta del Puig de Sitjar hasta la parte baja. El nombre proviene de una capilla que estuvo situada en la esquina de la calle Concepció con la calle Cavalleria.

Se construyó en el mismo emplazamiento de una antigua mezquita y pertenecía a la Orden del Santo Sepulcro. Según la tradición aquí se enterraron los caballeros Guillem y Ramon de Montcada (prohombres de la conquista muertos en la batalla de Portopí), antes de que los cuerpos fueran trasladados a Santes Creus.

El templete que cubre el aljibe, sostenido por columnas cuadradas y arcos apuntados, es probablemente de los siglos XVI-XVII.


Bibliografía: “Guia de la Palma Gótica”, Institut d´Estudis Balearics.
Fotografías: Virginia Leal.

domingo, 21 de abril de 2013

El Palacio de la Almudaina



El Castillo Real de la Almudaina, dada su privilegiada situación geográfica y estratégica, es el origen de la ciudad. Probablemente fue el primer emplazamiento fundado por los romanos el año 123 a. C. con Quinto Cecilio Metelo, ya que domina desde arriba un pequeño acantilado la desembocadura del torrente y el puerto natural. Más tarde se convirtió en la residencia de los gobernantes musulmanes, hasta que en 1229 Jaume I conquistó la isla. Entonces se llamó “Castillo Real” y corte del Reino de Mallorca hasta que, una vez absorbido por la Corona de Aragón, seguirá siendo el símbolo del poder político residiendo los virreyes.

En el año 903 Isam al Jawlani conquista la isla por orden del Emir de Denia Abd Allah. Esta dominación árabe duraría hasta el 31 de Diciembre de 1229. En este periodo, Palma es reconstruida y uno de sus barrios toma el nombre de “Al-Mudayna” por el núcleo fortificado que lo originaba. En este lugar se levantó un Alcázar, donde residían los Walíes o gobernadores musulmanes. Nacía así el Palacio de la Almudaina.

En esta época el castillo tenía un doble recinto: el exterior defensivo y un núcleo interior fortificado residencial, que era rectangular con cuatro torres en las esquinas y otra en la mitad del lado norte, sobre la cual se levantaría luego, ensanchando la superficie primitiva, la Torre del Ángel. Los Emires de este periodo construyeron una Almudaina grande y rica en arte, de la que han sobrevivido las murallas, parte de las torres, el embarcadero y la Puerta del mar, así como restos de cerámica.

El último día del año 1.229, Mallorca es conquistada por Jaime I quien incorpora la isla al reino cristiano de Aragón; sin embargo, sus escasas temporadas de residencia en la isla no propiciaron obras de importancia hasta que accedió al trono su hijo Jaume II. Fue precisamente Jaume II (1276 – 1311), primer rey privativo de la Mallorca cristiana, el encargado de transformar el castillo musulmán en Palacio que sirviera a la vez como residencia regia y como sede del aparato burocrático del nuevo estado. Las obras se realizaron entre 1305 y 1314. El arquitecto fue el rosellonés Ponç Descoll.

Sucedió a Sanxo I, hijo de Jaume II, su joven sobrino Jaume III, a quien corresponde la época más brillante del reino independiente y del castillo. La Almudaina fue pues, entre 1229 y 1343, la sede de una pequeña corte medieval. En el año 1343, Jaume III fue desposeído de Corona por su cuñado Pedro IV, incorporándose de nuevo la isla a Aragón.

Vista desde el exterior La Almudaina nos ofrece una fachada muy severa, con torres y galerías de arcos ojivales. Nos tenemos que fijar en la veleta en forma de ángel, el famoso “Ángel de la Almudaina” que fue fundido en bronce en el siglo XIII. Originariamente estaba encima de la torre del Ángel que era muy alta y estrecha y competía en altura con la Catedral. Pero en el siglo XIX un terremoto la dejó peligrosamente maltrecha y se desmontó hasta su base que es dónde hoy se alza la veleta. En el interior se abre el patio de honor, donde se conserva una de las pocas figuras de época musulmana que ha sobrevivido: un león que sirve de surtidor.











La visita permite conocer varias dependencias muy interesantes. La primera es la sala Mayor o Tinell (2), una gran estancia con arcos góticos, compartimentada más tarde en dos alzadas, y que sirvió de sede de la Audiencia Territorial. Sus paralelos serían el célebre salón del Tinell de Barcelona o la sala de Mallorca del castillo de Perpinyà. Este gran salón se construye principalmente para grandes ceremonias, como era la reunión de Las Cortes o la Recepción de Embajadores, así como banquetes y festejos muy destacados. Para su construcción se utilizó la muralla almorávide de la fachada sur y se edificó otro muro en el interior del recinto amurallado que da al Patio de Honor. Cuenta con tres chimeneas de considerable tamaño que caldeaban el Salón. Desde 1.578 se encuentra dividido en dos alturas y cada una de ellas en varias dependencias.

A continuación pasaremos al Palacio del Señor Rey (1). Este se concibió sobre el antiguo Alcázar almorávide, como residencia de sus príncipes. Jaume II mandó revestir con piedra algunos de sus muros de tapial y adosar a los mismos galerías y alcobas que lo aligeraran. Se distribuye en tres pisos con cuatro cámaras cada uno que se corresponde simétricamente. Desde la gran terraza podemos imaginar cómo sería la época en que el castillo limitaba directamente con el mar que bañaba sus pies. La impresión desde ella debía ser espectacular.

También son curiosos los restos  de unos pequeños baños árabes (6) que tienen su origen seguramente en las termas del primitivo “Castro” romano. Sin grandes variaciones, debieron ser utilizados por el Emires árabes y posteriormente por los Reyes de Mallorca. Se encuentran entre los dos Palacios y eran para el uso de ambos.

El Palacio de la Reina (3) comprendía un conjunto de alojamientos destinados a ser residencia de la Reina de Mallorca, los Infantes y las Damas de Compañía. Para su construcción se siguió el mismo proceso que en la Sala Mayor: se levantó una muralla interior y se aprovechó la de Poniente. Su distribución repite las cámaras privadas del Palacio del Rey.

Otro elemento de gran belleza es la Capilla de Santa Anna (4) a la cual se accede atravesando el patio. Fue construida  para uso del rey y su portal es uno de los pocos ejemplos de arte románico en la isla. Para su construcción se utilizó mármol rosado y blanco procedente de los Pirineos y presenta ocho arquivoltas de medio punto. Los capiteles muestran una gran cenefa de temas vegetales con animales mitológicos. En el tímpano vemos tres figuras: la Virgen con el niño, Sant Joaquim y Santa Anna. Su construcción supuso la división y transformación del gran patio del Alcázar en dos espacios, los actuales “Patio de Armas o de Honor” y “Patio del Brollador o de la Reina”. Fue inaugurada por el Rey Jaume II en 1.310. El interior es de una sola nave rectangular y se considera una valiosa muestra de la arquitectura gótica del siglo XIV. Destacan los ángeles tallados en las ménsulas o las bases de las nervaduras por el escultor Antoni Campredon, autor también del ángel-veleta.

La Capilla de Sant Jaume (6) fue fundada también por Jaume II en 1.310 y estaba destinada a la Reina. Se estructura en dos plantas: la Superior o Capilla de La Reina que ha desaparecido prácticamente, y la inferior o Cripta que aún se conserva.

Completaban el conjunto los Huertos del Rey y de laReina. 

La Almudaina sirve de sede oficial a la comandancia Militar de Baleares y durante la estancia de la familia real en Mallorca se utiliza como lugar de recepciones. Como todo castillo guarda sus secretos: las mazmorras, la torre del alquimista, el lugar donde se exhibían las cabezas de los ajusticiados, la bodega real, etc. La Almudaina pertenece al Patrimonio Nacional y solamente puede visitarse una parte.

Bibliografía: “Guia de la Palma Gòtica”, Institut d´Estudis Baleàrics. (Pàg.28, 29. 30 y 31). – “Paneles informativos del Palacio de La Almudaina”.
Fotografías: Virginia Leal.