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domingo, 19 de marzo de 2017

Excursión "El Camí del Correu - De Esporles a Banyalbufar"


Llega la primera y con ella el tiempo ideal para recorrer la Serra. Eso es precisamente lo que hicimos el pasado 18 de marzo con ARCA PATRIMONI, asociación que vela por el patrimonio histórico y cultural de Mallorca desde el año 1987 cuando un grupo de profesionales de diversas áreas, comenzaron a reunirse con una preocupación común: el abandono del centro histórico.
  
La ruta escogida fue la de “El camí des Correu: Esporles - Banyalbufar”. La excursión, dirigida por Joan Antoni Martínez Payeras, Máster Universitario en Gestión Cultural UOC-UIB-UdC, estuvo enfocada especialmente para dar a conocer el valor paisajístico y etnológico, así como también legendario, de este antiguo camino real de origen medieval. Es de dificultad baja y la duración estimada es de 2h y 40 min aproximadamente (solo de ida y sin paradas).

Comenzamos nuestra excursión en el pueblo de Esporlas, más concretamente detrás de la iglesia neogótica de Sant Pere (obra del arquitecto Gaspar Bennàssar). El camino arranca con un ligero ascenso por un terreno empedrado para poco después suavizarse. A unos 20 minutos de comenzar nuestra excursión nos toparemos con la carretera que tendremos que atravesar para seguir por el camino para viandantes diseñado según las técnicas de “pedra en sec” tradicionales.  

Este camino, documentado ya en el s.XV, era utilizado por los antiguos oficiales reales que llevaban la comunicación a los pueblos y comunicaba, además, Palma y Esporlas con la villa de Banyalbufar. Pero, con las reformas viarias iniciadas en el s.XIX, este camino dejó de ser utilizado y ha quedado relegado con fines turísticos. Recientemente, se ha realizado obras de restauración del camino así como de señalización.

Continuamos nuestra excursión al son de las interesantes y educativas explicaciones de Joan Antoni, nuestro guía, a medida que atravesábamos el encinar que nos llevaría más adelante al pueblo de Banyalbufar. Gracias a él supimos interpretar los diferentes elementos que nos íbamos encontrando a lo largo del camino, como son los Forns de calço las Sitges”. Los primeros eran hornos en los que se quemaba la piedra calcária con el fin de elaborar la cal, antiguamente utilizada para pintar las paredes de las viviendas, para limpiar e incluso para fines terapéuticos, entre otros usos.  Los segundos, eran espacios circulares en los que se levantaba una especie de “cabaña” construida con troncos gruesos en su base y troncos más pequeños encima de forma vertical, para elaborar carbón vegetal. Como Tal era el grado de conciencia que tenía el hombre con el entorno natural, que esperaban 6 años de regeneración del bosque para que pudieran seguir creciendo las ramas y poder así seguir con la producción del carbón. Esta tradición continuó hasta los años 60.

Después de encontrarnos con varios “forns de calç” y “Sitges”, a mitad del camino, debemos estar muy atentos, pues nos toparemos con “sa potada des cavall”. Se trata de una hendidura en una gran roca en medio del camino que, según una de sus leyendas, fue hecha por el caballo del Rey Jaume I “El Conquistador”, mientras recorría la isla.

Ya en descenso y, después de atravesar campos de olivos y algarrobos, dejando a nuestra izquierda Planicia, el Camí del Correu continúa bajando por un terreno asfaltado. Vemos que el entorno cambia y nos vamos encontrando con las construcciones más características de Banyalbufar: los “marges” y las “marjades”. Las marjadas eran terrazas de cultivo y delimitadas con la construcción de un muro (marge), en la ladera de la montaña. Se construían para poder sembrar, más concretamente, malvasía (una variedad de uva, muy dulce) y “tomate de ramallet” y se aprovechaba el desnivel del terreno para su regadío. Estos cultivos eran posibles gracias a un complejo sistema hidráulico, de origen árabe, y cuyo abastecimiento se encontraba en la Font de la Vila y sus cientos de “safareigs” (depósito artificial para contener el agua de lluvia, acequia, pozo, destinada a regar).

Finalmente y, después de una excursión de contrastes, llegamos a nuestro destino, el pueblo de Banyalbufar. Una vez allí y, si todavía estáis con ganas, recomiendo recorrer su calles empedradas y conocer los rincones más característicos de este precioso enclave de la Serra deTramuntana.

Si queréis conocer un poco más acerca de la labor de la asociación ARCA y estar al corriente de las próximas salidas culturales, históricas y/o naturales que organiza, os invito a que visitéis su página.




Redacción y fotografías

Virginia Leal © 2017

miércoles, 3 de febrero de 2016

"Deiá: el rincón de los artistas"


El nombre del pueblo de Deià tiene su origen en el término árabe daia o ad-daia, que significa campo, según la teoría de Joan Coromines.

Deia-Mallorca-BalearesDeià es un pequeño municipio situado en la vertiente norte-occidental de la Serra de Tramuntana, que
en este sector toma el  nombre de serra des Teix. Limita con Sóller, Bunyola, Valldemossa y con el mar, siendo el quinto término más pequeño de Mallorca. Este municipio presenta tres zonas bien diferenciadas: es Puig o parte alta, coronado por la iglesia y el cementerio; la parte media a lo largo de la carretera de Valldemossa – Sóller: y es Clot o zona baja, que antiguamente fue el núcleo de la población principal.

Este pequeño pueblo se encuentro a solo media hora en coche desde Palma. Se llega por la C-710, una sinuosa carretera que bordea la costa desde Valldemossa a Sóller ofreciéndonos uno de los itinerarios más sorprendentes del litoral Mallorquín.

Historia de Deiá

El origen de la ocupación de Deiá tenemos que buscarlo en los primero pobladores permanentes de Mallorca. Se han encontrado tres yacimientos arqueológicos de gran importancia para el estudio de la prehistoria mallorquina:

-          La cueva de Betlem, donde Manuel Rosentigni y Wladimir de Lamsford descubrieron en 1958 unos grabados. Este conjunto de grabados ha sido interpretado como la representación de un episodio de caza.

Myotragus-Deia-Mallorca-Baleares
-      La cueva de los Muertos de Son Gallard, excavado por el Dr. William Waldren, es una gruta donde se ha encontrado un nivel de habitación neolítica de entre el 4250 y el 3700 aC. Se la considera como la necrópolis más antigua de las islas y fue utilizada como tal hasta la conquista romana en 123 aC.

-        La cueva de Son Marroig, excavada también por Waldren, es una necrópolis pretalayótica. Se encontraron 8 cráneos y largos huesos a su alrededor.

También dejó huella la presencia romana por la cerámica encontrada y por el desarrollo del cultivo de olivos. Pese a ello, no se ha encontrado ningún yacimiento de esta época.

Durante la dominación islámica, Deiá, pertenecía al juz’ de Bunyula-Musu. La presencia árabe es evidente gracias a la toponomia de Deiá, Llucalcari, Castell del Moro y en los numerosos encuentros de cerámica y otros utensilios encontrados en todo el municipio.

Después de la conquista de Jaume I (1229), Deiá fue concedida a Nunó Sanç, excepto Llucalcari, que fue donado a Gilabert de Cruilles. Siete años después de este reaprto Nunó Sanç fundó el monasterio de los monjes de Sant Bernat de la Real y entregó a su abad todo el dominio y jurisdicción de Deiá. Murió en 1244 sin descendencia y, como era pariente de Jaume I, todos sus bienes pasaron a la parte real, incluido Deiá.

En 1276, Ramon Llull consiguió de Jaume II un contrato de intercambio que le permitió fundar un colegio de frailes menores en Miramar; por esta razón Jaume II entregó al abad de la Real la gran alquería de Deiá. Los mojes del Císter hicieron prosperar el territorio gracias especialmente a la agricultura.

Deiá ya era administrativamente especial: por un lado formaba una sola Universidad con Valldemossa, donde tenía sus representantes en el Consejo de la villa y, por otra tenía alcalde propio. Pero esta situación provocó conflictos entre los dos alcaldes. Por eso en 1583 el procurador real Hug de Berard y de Palou, concedió a Deiá la Universidad, separándola así de Valldemossa. El mismo día se constituía el primer gobierno municipal.

El municipio de Deiá, por su situación costera, estaba expuesto al ataque de los piratas, desde los berberiscos africanos hasta los turcos, que ya en 1542 había devastado el puerto de Sóller. En 1552 saquearon Valldemossa, en 1558 desembarcaron en Andratx, en 1561 en Sóller y el 1582 ciento cincuenta moros desembarcaron en Sa Foradada y fueron vencidos por 50 mallorquines liderados por el capitán Mateu Sanglada.

A raíz de estos ataques las autoridades mallorquinas decidieron construir un sistema de fortificaciones con torres de señales de fuego por toda la Serra de Tramuntana. En 1609, la Universidad de Deiá pidió la construcción de una torre en la punta del cabo de Deiá, conocida ahora como la torre de Deiá o de sa Pedrissa.

Durante los siglos XVI y XVII Deiá también se vio afectada por la crisis económica. Las crisis agrarias y la falta de suministros, a causa de la peste de 1652, empobrecieron todavía más al pueblo, hecho que provocó la aparición del bandolerismo. Los bandoleros atacaban las posesiones más ricas del municipio. Por orden del virrey, en 1644 Deiá tuvo que crear su propio Cuerpo de Guardia. No fue hasta el siglo XIX cuando la incidencia del bandolerismo disminuyó.

El siglo XVIII no pudo comenzar peor: a la peste y a las deudas había que sumarle la mala cosecha, tanto de grano como de oliva, y la guerra de Sucesión. Muchos deianencs (habitantes de Deiá) tuvieron que sobrevivir de limosnas y del trigo que se repartió. Todos estos factores provocaron el estancamiento de la villa e hizo cambiar su estructura social, que se mantendría hasta el siglo XX.

Deia-Mallorca-Baleares
En el siglo XIX destaca la repercusión que tuvo en Deiá la Ley del 20 de octubre de 1820 que suprimía los conventos de menos de 20 individuos y ordenaba que todos sus bienes pasaran al Estado. Esto solo duraría unos años ya que Fernando VII, en un Real Decreto del 1 de octubre de 1823, suprimió todas las leyes y disposiciones que había aprobado el gobierno constitucional entre los años 1820 y 1823. A mediados de este siglo la población experimentó un fuerte retroceso causado principalmente por la emigración.

Al mismo tiempo, Deiá empezaba a ser conocida en todo el mundo. Pintores, artistas e intelectuales se establecieron en Deiá desde finales del siglo XIX. El Archiduque Luis Salvador inauguró la lista de visitantes ilustres, seguido por Joaquim Mir, Santiago Rusiñol, Rovert Graves o William Waldren, entre otros. A partir de los años sesenta se intensificó la llegada de extranjeros que elegían Deiá como segunda residencia.

Bibliografía

ENSENYAT ALCOVER, Josep F. y VICENS PIZÀ, Carolina (2003): “Deià” en Guia dels pobles de Mallorca. Ed. Hora Nova S.A., Inca (Mallorca). P. 6 – 16.

Fotografías

Virginia Leal © 2016

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Mallorca

sábado, 21 de febrero de 2015

Parte I. La possessió mallorquina y Son Real.


El término “possessió” equivale al nombre de la masía catalana, el “cortijo” andaluz o el “caserío” en vasco. Son fincas rurales de extensión considerable utilizadas tanto como vivienda como para usos productivos. El término aparece en Mallorca a partir del S.XIV, si bien ya se utilizaba la palabra árabe “alquería”. Las possessions eran centros de producción agrícola, herencia del concepto de las “villae” romanas.

La ubicación de muchas possessions coincide con los antiguos poblados prehistóricos. Aunque si bien se dan siempre unas mismas condiciones: una cierta elevación, suelo rocoso, terreno rico en agua, situación protegida del viento y buena orientación solar.

La arquitectura de la possessió era en sus orígenes  bastante sencilla. En muchos casos tenían un carácter fortificado. Fue a partir de los S.XVII y XVIII cuando se introdujo el gusto señorial en las fincas rurales con símbolos de prestigio como grandes patios, escaleras de honor o arcadas. Su estructura básica se basaba en un camino de acceso, muchas veces con árboles, un portal foráneo y un espacio exterior empedrado que delimitaba la fachada. La disposición de muchas de estas fincas se organizaba a partir de un patio central o claustro que podía estar (o no) totalmente cerrado y donde daban tanto las casa de los señores como las habitaciones de los trabajadores; así como la “tafona” (almazara), el molino, los establos, etc. Era común que, en medio del claustro, se situara la boca de la cisterna, como pasa en Son Real. Las grandes possessions tenían siempre una palmera alta o un “lledoner” (almez).

Una possessió suponía la existencia de una estructura social organizada en estamentos. Los propietarios pertenecían normalmente a la clase alta urbana y solo residían ocasionalmente en la finca. En este caso la gestión pasaba a manos de un empleado de los señores que se llamaba mayoral. Era muy común que los propietarios alquilaran la finca a cambio de unas rentas. Así aparece la figura del amo o arrendatario, un personaje clave para el desarrollo del campo, ya que organizaba la producción, administraba y, a veces, incluso dejaba dinero a los señores con mucho patrimonio pero poco líquido. Su mujer, la madona, tenía un papel fundamental en la vida de la finca porque era quien mandaba en los aspectos domésticos y era el centro de la vida social.

Cada possessió equivalía a un pequeño lugar donde, durante épocas determinadas, podían vivir más de cien personas. Teniendo en cuenta la precariedad de las comunicaciones, los habitantes apenas salían. Se formaba así una comunidad muy organizada y con las tareas bien repartidas. Los “amitgers” (aparceros) eran payeses que tenían porciones de tierra arrendadas dentro de la finca. Los jornaleros trabajan a cambio de una dieta durante un tiempo determinado. Los niños empezaban con pequeñas ocupaciones como la de pastorcillo. Una figura importante era la del algarrobero, encargado de vigilar con una carabina la gran extensión de algarroba para evitar los incendios o la presencia de cazadores furtivos.

Los horarios de trabajo eran intensos y solo se descansaba en domingo. La misa también era una ocasión para las relaciones sociales, igual que las matanzas o las fiestas mayores de los pueblos. Era una vida dura de la cual nos dan testimonio muchas canciones populares.

La possessió de Son Real

Fue la possessió más grande del término. Había unas casas que mostraban tanto la importancia de la explotación agraria como la jerarquía social que se establecía. Era una estructura escalonada que tenía por encima los señores, por debajo suyo los amos y, ya en los escalones más bajos, toda una serie de asalariados fijos y temporales. Eso sin contar los arrendatarios, como los “roters” que se encargan del cultivo de las tierras más malas de la possessió, o como aquellas personas que iban a cortar pinos para trabajo de carpintería y a buscar leña para hacer hormigueros. Incluso había carboneros.

Pero Son Real siempre tuvo algo especial que la hacía diferente respecto a las demás possessions. Primero, porque en Son Real teníamos el mar el cual fue, durante siglos, una fuente de peligro; la parte más antigua de las casas de la possessió es una torre de defensa. Los hombres de Santa Margalida eran los encargados, desde la Edad Media, de hacer las guardias de mar en Son Real, para advertir de la llegada de piratas, corsarios y naves enemigas. Lo fueron hasta el S.XIX; concretamente en la cueva de delante de la isla des Porros, una antigua cueva de enterramiento prehistórico. Más adelante, en este lugar, hubo un cuartel que, seguramente porque el peligro fue disminuyendo, fue abandonado. Puede que fuera por eso que la gente empezara a visitar más la marina de Son Real. Eran hombres que iba a extraer marés a las pedreras de la misma orilla del mar, payeses que iban a buscar alga para poner en los cultivos. Pero además encontraron otra utilidad al mar y a la relativa soledad del lugar: el contrabando. A finales del S.XIX y la primera mitad del S.XX, el contrabando – de tabaco primordialmente – fue una fuente de ingresos complementarios para muchas de las familais de Santa Margalida y una de las bases de las fortunas que se hicieron en la Vila.

Incluso se cuenta que estos se refugiaban en la “cueva del contrabando”. No se sabe si es una cueva prehistórica modificada o si es una obra nueva hecha por los contrabandistas. Incluso contaban que el interés de la gente de Santa Margalida por mantener en buen estado el camino público des Quarter o s´illa des Porros tenia como principal motivo facilitar aquella actividad que se había convertido en un complemento importante de la economía de las familias payesas de la Vila.

La possessió de Son Real no está exenta de sucesos extraños. El más impactante fue uno que ocurrió en el año 1348, cuando la primera víctima de la peste negra en Mallorca (Guillermo Brassa de Alcúdia) fue enterrado por sus vecinos y sin permiso en la isla des Porros. Los hombres de Santa Margalida, puede que alertados por el guardián de la cueva, se enteraron y protestaron al gobernador, que dio orden de desenterrar el cadáver y hacerlo enterrar en Alcudia. Así, el rafal d’en Rubert – así se llamaba Son Real, tomando el nombre de uno de sus primero propietarios, Robert de Bellví – se había convertido de manera inesperada en el escenario de una historia con un triste final: la despoblación del término hizo del lugar un paraje todavía más desolado, incluso cuando la adquirió, en la segunda mitad del S.XIV, Real Monja de Selva, que la ocupó por poco tiempo y que acabó por darle nombre a aquella gran possessió. Pero pese a todo Son Real es y será conocida por el rico patrimonio arqueológico que atesora y por las necrópolis talayóticas y la isla des Porros.

Bibliografía

"Guía de Son Real". Autor: Carlos Garrido. Publica: INESTUR (2008). Pág.: 8-9; 22-23.

Fotografías

Virginia Leal © 2015

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 Finca Pública de Son Real



viernes, 6 de septiembre de 2013

"El Port de Sa Calobra y el Torrent de Pareis"


El Torrent de Pareis es, sin duda, el paisaje más extraordinario de la Serra de Tramuntana. Este sorprendente fenómeno geológico, alojado por visitantes, poetas, músicos y pintores, como Jeroni de Berard, Llorenç Riber, Miquel Costa i Llobera, Guillem Colom, Joaquim Mir, Rusiñol, Luis Salvador de Hasburgo y Lorena…alberga, además, una gran tesoro de flora y fauna, y entre sus acantilados guarda una serie de interesantes historias y leyendas cargadas de misterio. En Sa Calobra entramos en un área ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) que se extiende hasta el cabo de Formentor.

El Port de Sa Calobra es uno de los puntos de mayor atractivo turístico de Escorca y de toda la isla. Este lugar no se consolidó como lugar habitado hasta finales del siglo XVIII, por el miedo que tenían los pescadores de los frecuentes desembarcos de piratas que se alojaban en busca de refugio, aprovisionamiento de agua y discretas rutas y poco vigiladas para sus fechorías ya en tierra. El Port ya aparece documentado a finales del siglo XVI, aunque los pobladores permanecían en el núcleo antiguo de Sa Calobra. Este pequeño puerto ha sido siempre la puerta de comunicación de los alrededores. Hoy en día se ha convertido en uno de los lugares de mayor atracción turística de Mallorca. Numerosas barcas cargadas de visitantes hacen la ruta de ida y vuelta desde el Port de Sóller así como una caterva de autocares recorre la sinuosa carretera de Sa Calobra, enlazando con la ruta de Lluc a Sóller.

El primer trazado de esta carretera, de unos 12 km de recorrido dificultoso, fue proyectada en el año 1920 por Gabriel Roca Garcias, pero no fue hasta el año 1933 cuando se inaugurara el trazado actual, apto para el tránsito, y acabado según un proyecto del ingeniero Antoni Parietti Coll.

La historia de Sa Calobra tampoco está exenta de las manifestaciones de peligro que llegaban del mar, y que durante largas décadas trajeron de cabeza a los calobrins. En 1531 el pirata Barba Roja atacó Pollença y también Sa Calobra, donde hizo numerosos cautivos. En 1568 aparece en los documentos que Andreu Colom “Calobra” era prisionero en tierras sarracenas y en el año 1599 es Joan Colom “Calobra” quien sufre cautiverio. Uno de los acontecimientos más tristes que se recuerda en Escorca es el sucedido el 11 de octubre de 1557, recordado todavía como el de la “desgracia de los moros”, cuando un numeroso grupo de sarracenos entró por esta cala e hizo destrozos en Albarca.

Se puede bajar al arenal por unas escaleras indicadas con rótulos. Al ras de la playa podemos encontrar todavía algunas casetas de pescadores por en medio del entramado de bares y restaurantes turísticos.

Un vial asfaltado conduce a la placeta d´en Vidal, dedicadas a Francesc Vidal Sureda (1888-1942) por su dedicación a favor del turismo en Mallorca. Desde la placeta, conocida también con el nombre de Racó d´en Lluc, a través de unos túneles de unos 200 metros de longitud y perforados en los acantilados, comunicamos con la desembocadura de el Torrent de Pareis. Antes de la construcción de este acceso, realizado en el año 1950, el camino entre el torrente y el puerto  se hacía a través de un dificultoso paso escalonado llamado Carrer Nou, el cual aprovechaba un saliente de los peñascos.


El espectacular escenario de s´Olla es el contrapunto más absoluto a la sensación de estrechez y oscuridad del pasadizo agujereado. El pequeño camino da la sencilla plataforma donde tiene lugar el “Concierto del torrent de Pareis”, una cita anual con el canto coral, instaurada por iniiativa del pintor Coll Bardolet desde el año 1963.

En un rincón podríamos ver brotar a borbotones la caprichosa fuente salada. Esto solo se produce en condiciones especiales y su caudal, como indica su nombre, es salado. De entre la vegetación destaca el aliso, un vistoso arbusto de hoja caduca. Los meses de verano, la playa se ve invadida por multitud de veraneantes.

Vídeo



Bibliografía

SASTRE, Joan y SASTRE, Vicenç (2004): “Mallorca vora mar. Marines de Tramuntana”. Ed. La Foradada / J.J. de Oñaleta, Barcelona, p. 56 – 59.

Fotografías

Virginia Leal © 2013

Enlaces

La excursión se puede realizar o bien desde su sinuosa carretera o bien desde la estación del tren de Sóller en el centro de Palma. Desde el valle de Sóller su famoso tranvía nos conducirá al puerto. Una vez allí, una embarcación nos llevará hacía Sa Calobra pasando previamente por una serie de acantilados que no dejarán indiferente a nadie. Aquí tenéis el enlace dónde poder consultas precios y horarios.

domingo, 5 de mayo de 2013

"Miramar" - Valldemossa



La casa-museo de Miramar, una de las posesiones más antiguas y con más historia de Mallorca, trabaja para mantener y difundir su importante patrimonio histórico y cultural. Su objetivo es dar a conocer a mallorquines y foráneos dos de las figuras imprescindibles de la historia de Mallorca: Ramón Llull y el Archiduque Luis Salvador.

En 1240 ya aparece documentada esta posesión como en el rafal árabe de Alcorayola. En 1276, por iniciativa de Ramon Llull, el rey Jaume II de Mallorca, estableció allí el Colegio de Lenguas Orientales de Miramar. Posiblemente, por la excelente ubicación de la posesión, esta pasara a llamarse Miramar.

Ramon Llull vio la necesidad de comprender la mentalidad y la cultura del islam como forma de tramar una acción de proselitismo eficaz. El Miramar misional constituirá un hecho reconocido en la difusión del pensamiento cristiano. El colegio desapareció pocos años después, en 1295. Durante los años de funcionamiento el beato escribió allí la obra más difundida de su corpus: “El Llibre d´amic e amat”. Además, Miramar fue la fuente de inspiración de una de las primeras estrofas de literatura paisajística en lengua catalana, incluidas en su bello poema Cant de Ramon.

En 1485 se instaló en Miramar la primera imprenta de Mallorca y una de las primeras de todos los países de habla catalana. En el siglo XVI vivió el padre Antontio Castañeda, ermitaño y padre espiritual de santa Catalina Tomàs. Fue capitán de los ejércitos de Carlos V, pero desengañado de la vida que llevaba, se retiró a Valldemossa, donde vivió como ermitaño, primero en una cisterna, después en una cueva y finalmente en Miramar hasta su muerte el 1583. Después de esto la historia de Miramar, hasta la llegada del Archiduque, se caracteriza más bien por la constante presencia de ermitaños.

Posteriormente, en 1872, el Archiduque Luís Salvador de Hasburgo-Lorena- uno de los miembros de la corte imperial austrohúngara-, adquirió la finca, reformó las casas y la capilla, recuperando así la memoria de Ramon Llull y el mensaje de respeto y disfrute de la naturaleza construyendo numerosos caminos y miradores; también embelleció el conjunto con dos jardines contiguos y proyectó el Jardín de la Torre del Moro. Los interiores fueron nuevamente amueblados con piezas mallorquinas tradicionales y con otras que eran copia de las que había anteriormente.  

El Archiduque concibió Miramar como un lugar abierto a todos los visitantes, por lo que en 1873 abrió la hospedería de Ca madò Pilla. Con motivo de la colocación de la primera piedra del oratorio de Ramon Llull, el 21 de enero de 1877, se hizo una gran celebración religiosa. Cuatro días después tuvo lugar una gran fiesta literaria, en recuerdo del sexto centenario de la fundación de Miramar. Enamorado de estos lugares, el Archiduque invitó a relevantes personalidades de la época a visitarlos, entre los cuales destaca la legendaria Sisí de Austria, que quedó tan impresionada que bautizó con el nombre de Miramar a su hijo.

A la muerte del Archiduque, en 1915, el heredero fue su secretario, Antoni Vives Colom, para después pasar a su hija Lluïsa Vives Venezze, casada con el pintor Antoni Ribas Prats; actualmente es propiedad de la hija de los anteriores, Silvia Ribas Vives.

La visita a Miramar

La visita a Miramar comienza en el área de recepción. Fuera del recinto de casas se sitúa la tafona (almazara). Se encuentra en perfecto estado de conservación; cuenta con una prensa mecánica y sobre el rotlo (rulo) se puede ver la fecha “1934”. Al lado se sitúa la sala de mapas donde, además de contemplar los intensos esfuerzos del Archiduque viajero sobre la cartografía del Mediterráneo, encontramos una buena colección de imágenes de la época, tanto del protagonista como de su mundo. Destaca el libro enrollable dedicado a Alexandrete, colgado en la parte superior de la sala.

Desde la entrada se accede en primer lugar al jardín. Contiene una interesante selección de árboles y plantas autóctonas, entre los que destacan dos tejos. Sobre uno de los muros conservados de la antigua edificación se alza un fragmento del claustro gótico del convento de Santa Margalida de Palma. Llegó al Archiduque a través del escritor y maestro de obras militar Pere d´Alcàntara Peña, quien lo había desmontado a causa de un grave peligro que sufría por las obras de transformación del convento en hospital. Consta de 17 arcos góticos, trifoliados, sostenidos por 19 columnas.

A la derecha del jardín, se alza la capilla de Miramar, la primera obra de rehabilitación que comenzó Luís Salvador después de la compra. El actual edificio se corresponde con una de las capillas laterales de la primitiva iglesia. Las obras fueron llevadas a cabo por Bartomeu Ferrà entre 1872 y 1873. La capilla se encuentra precedida por un atrio que cubre la entrada, decorado por el relieve de un demonio. El tejado está rematado por una espadaña.

El interior de la capilla es de un solo tramo de bóveda de crucero y sobre la clave podemos contemplar el escudo del Archiduque. Sobre el altar hay un retablo, formado por un tríptico. El centro está presidido por la Trinidad, mientras que en los laterales están representados Ramon Llull y santa Catalina Tomàs.

La capilla contiene otras piezas de gran interés como la escultura de la Mare de Déu de la Garda, a la derecha del oratorio. Esta pieza fue donada por la emperatriz Elisabet de Austria, después de su segunda visita a Miramar. Es una delicada imagen en mármol blanco, levantada sobre una pilastra donde hay una placa colocada por Luís Salvador como recuerdo de esta donación.

En la otra parte del jardín se ubican las casas de Miramar. El edificio tiene tres plantas de altura, cubierto por dos vertientes y con las cuatro fachadas decoradas (a excepción de la torre) por un esgrafiado obra del propio Archiduque, quien se inspiró en una casa de Establiments. La entrada desde el jardín se efectúa bajando unos escalones sobre una pérgola sostenida por cuatro columnas procedentes del antiguo claustro de Miramar. El portal da a la primera vertiente de las casas, construido por Luis Salvador.

A la izquierda se encuentra la actual sala de conferencias, llamada anteriormente la sala de la Fuente, ya que durante las obras apareció una pica. El fondo de la sala está decorado por un conjunto de conchas que representa la figura del Doctor Iluminado, inspirado en la xilografía de Pere Posa Apostrophe Raimundi, de 1504. El Beato se encuentra flanqueado por dos cipreses, mientras que encima se encuentra el escudo archiducal y la inscripción en italiano “Anno 1872”. Toda esta sala está recorrida a media altura por un enladrillado, inspirado también en la xilografía.

En la sala de la derecha se ubica uno de los elementos más impresionantes del patrimonio de Miramar: el cenotafio de Vratislau Viborny, el primer secretario del Archiduque, muerto en Palma el 25 de julio de 1877, con tan solo 24 años. Esta romántica escultura, obra de Antonio Tandardini, representa la resurrección del joven mientras un ángel recoge el alma. Sobre las paredes cuelgan fotografías de la familia y de la trayectoria personal del Archiduque. La sala todavía conserva el suelo original y el enladrillado de los bajos de la pared, inspirados en los que decoraban la portería del locutorio del convento de Santa Magdalena de Palma.

Desde aquí pasamos a la parte primitiva de las casas a través de dos pequeños arcos de medio punto, uno de los cuales, antes de la reforma del Archiduque, correspondía con el portal que daba al claustro. Es muy probable que el suelo empedrado de toda esta ala sea de la época de Ramon Llull. En la parte derecha se ubica la entrada de la antigua habitación de los mensajes y la cámara que acoge una recreación del interior del barco del Archiduque, el Nixe II. En la parte izquierda se encuentra una cocina tradicional, con chimenea y viadera, y la escalera que sube a la planta noble.

Desde la segunda vertiente se accede al mirador de poniente, desde donde se aprecian unas magníficas vistas de la costa mallorquina. La preceden pinares y los restos de la torre-oratorio de Ramon Llull, medio derrumbada después de que en 1975 impactara un rayo. Sobre la fachada hay adosadas varias placas conmemorativas dedicadas al recuerdo del Archiduque. Destaca la que reproduce los versos del poeta mallorquín Joan Alcover. Como elemento curioso, al lado del portal, hay una gran ancla proveniente del Nixe II. En la parte izquierda se puede ver la sólida torre de defensa.

La fachada del sur hoy en día está fuera de la visita a las casas. En el lado opuesto, al norte, al lado de la capilla, se ubica el Jardín de Cipreses, que ocupaba el espacio de la antigua iglesia de Miramar. Cuenta con un curioso empedrado en forma de cruz.

A través de una escalera situada debajo del mirador se baja hasta el Jardín de la Torre del Moro. Es una de las obras más singulares de Luís Salvador. Este espacio fue concebido con la idea de hacer un jardín botánico con muestras de plantas y los árboles más significativos de la flora insular. Ocupa un espacio de unos 200 metros cuadrados, levantado sobre un altísimo muro de pedra en sec. Se encuentra limitada por una pequeña pared coronada por 33 almenas. En la parte central hay dos pasteras, cada una de las cuales contiene una estrella de 9 puntas, hechas con la intención de evocar el Ars Combinatoria lul·liana. En la parte superior se encuentra el safareig (estanque). Los muros laterales presentan una disposición escalonada, decorados con copas de mármol de gran tamaño que contienen curiosos grafitos de principio de siglo XIX.

Desde el Jardín de la Torre del Moro, bordeando un marge, se llega a otra obra paradigmática del Archiduque: los Pontets de la Font Coberta. Hay en total 13 y atraviesan el badén empedrado que baja de la fuente. Desde aquí, por un caminito escalonado se puede ir hasta las Cuevas de Poniente. Un poco más abajo se localiza el Mirador de sa Ferradura, desde donde se obtiene una de las más espléndidas vistas de sa Foradada.

Bibliografía: “Les Possessions de Mallorca. Vol. I.”, de Tomas Vivot; “Guia del paisatge cultural de la Serra de Tramuntana”, de Gaspar Valero i Marti; “El paisatge del Arxiduc”, de Nicolau S. Cañellas Serrano; “Les possessions mallorquines de l´Arxiduc”, de Sebastià Trias Mercant.
Fotografías: Virginia Leal.