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martes, 16 de julio de 2013

"El Gran Hotel". Caixa Forum de Palma.


El edificio del antiguo Gran Hotel forma parte de la historia reciente de Mallorca. Fue el primer establecimiento hotelero de categoría en toda la isla, pionero de aquella “industria de los forasteros” que iba a cambiar radicalmente la economía y la sociedad mallorquinas. Arquitectónicamente, constituye el mejor exponente del modernismo en la isla, felizmente recuperado después de una costosa labor de restauración. En la actualidad sirve de sede a la Fundación “la Caixa”, y representa uno de los puntos de cita de la actividad cultural de la ciudad de Palma.

Historia

El Grand Hotel (originalmente utilizaba el nombre en francés, como los establecimientos más lujosos de su tiempo) se construyó entre 1901 y 1903, en un momento en que Mallorca comenzaba a atisbar las posibilidades de un desarrollo turístico aunque reducido a los viajeros de alto nivel económico, intelectuales y artistas.

El hotel representó una verdadera evolución para la época. Fue proyectado por el arquitecto catalán Lluís Domènec i Montaner, autor entre otras obras del Palau de la Música de Barcelona. El Grand Hotel se inscribía así en la corriente del modernismo, lo más avanzado en su tiempo, y combinaba la audacia estética con los requerimientos del confort.

El establecimiento ocupaba una extensión de 1061 metros cuadrados. Tenía cuatro pisos, y en los sótanos se situaban las bodegas, los caloríferos, la instalación de gas y electricidad, la cocina y las dependencias del personal. La planta baja albergaba el comedor de huéspedes, el restaurante, un salón para señoras, un salón de fumar y las oficinas. Desde allí, por medio de una escalera regia y un coquetón ascensor, se accedía a los pisos ocupados por las habitaciones. Según la prensa de la época, allí se encontraban “los salones ricamente adornados, cuartos de baño, WC particulares y cuartos habitaciones. En todas ellas existen caloríferos y pueden dar cabida muy cómodamente a 170 personas”.

Toda la decoración y mobiliario era de primera clase, con elementos comprados en el extranjero. La cubertería, por ejemplo, procedía de la factoría austríaca de Arthur Krupp. Otra innovación revolucionaria estribaba en que el Grand Hotel fabricaba su propia electricidad y calefacción, todo ello en una época de gas y quinqués.

En consonancia con esta atmósfera suntuosa, se buscó la participación de numerosos artistas. Joaquim Mir y Santiago Rusiñol aportaron así siete murales para el gran salón comedor, que se mostraban junto a cerámicas de la firma Puyans i Català y de Sa Roqueta. Las artísticas cristaleras fueron encargadas a Ferrés y Cía, de Barcelona.

Los precios eran elevados. Aparte, había que pagar diferentes suplementos por baño, ducha y calefacción.

La inauguración del Grand Hotel, el 9 de febrero de 1903, constituyó un acontecimiento social. La plaza de Weyler se llenó de carruajes con autoridades, aristócratas, cónsules, periodistas e invitados. El edificio fue bendecido por el obispo Pere Campins, tras lo que se celebró una cena de gala. Los brindis fueron efectuados por Miquel del Sants Oliver y el poeta Joan Alcover.

En su primera etapa el hotel estuvo dirigido por el señor Albareda, un profesional de gran prestigio que entre otras cosas impulsó una guía turística de Mallorca dedicada a los clientes del hotel, pionera en su género. Más tarde se harían cargo de la dirección el propietario, Juan Palmer, y su hijo, quienes lograron consolidar el negocio. En aquellos tiempos, el Grand Hotel rivalizaba con  los mejores de Madrid y Barcelona.

Los años difíciles de la guerra civil supusieron el colapso del turismo y de los visitantes de prestigio. Durante la contienda, el Grand Hotel fue residencia de los oficiales y suboficiales de la aviación italiana. Finalmente el edificio fue vendido en la década de los cuarenta y se convirtió en la sede de las oficinas del Instituto Nacional de Previsión. Este nuevo uso supuso una importante transformación. Fueron suprimidos los coronamientos neogóticos que caracterizaban la fachada, se cegaron varias entradas, muchos elementos decorativos fueron cubiertos o desmontados y el interior quedó irreconocible. Posteriormente se instalaron en el antiguo hotel  un juzgado y la oficina del censo, lo que precipitó un estado de avanzado deterioro.

En esas condiciones adquirió la Caixa d’Estalvis i Pensions de Barcelona (“la Caixa”) el antiguo Grand Hotel, con el propósito de construir la sede la Fundació “La caixa” en Mallorca. Las obras de rehabilitación comenzaron en 1987 a cargo del arquitecto pere Nicolau. Los trabajos duraron 7 años y costaron alrededor de 1.100 millones de pesetas. Hubo que rescatar numerosos elementos decorativos, reparar otros y reponer los que resultaban más característicos, como los coronamientos de la fachada. Se intentó recuperar el máximo posible de piezas y elementos del viejo hotel para revivir su carácter. La inauguración de las obras tuvo lugar en julio de 1993, noventa años después de que abriese sus puertas el Grand Hotel, y fue un evento social tan importante como la primera inauguración, con asistencia de los reyes de España.

La visita

La fachada del Grand Hotel ha sido recuperada después de un minucioso trabajo de investigación, basado en fotografías de época e incluso los esbozos originales de Domènec i Montaner. El edificio, en la línea modernista, seguía una intención de arte total y combinaba arquitectura con escultura, cerámica e interiorismo. Tal como describe Miquel Seguí, “en la fachada predominan las líneas híbridas y orientalizantes. Su desbordante floralismo decorativo aproxima la obra de Domènech al movimiento europeo en su vertiente naturalista. El elemento vegetal y floral se extiende a lo largo de todo el edificio, sobre balaustradas, capiteles y molduras, y en las decoraciones interiores. Junto al ornamento naturalista aparece la cerámica policromada de influencia hispano árabe y elementos decorativos como aguiluchos o dragones”.

El bar de la fundación y la librería ocupan los lados de la parte baja, que ha recuperado las entradas que tuvo en su origen. Al penetrar en el edificio se encuentra lo que fuera el comedor del Grand Hotel. En la actualidad, la estancia se utiliza para exposiciones.

En el Grand Hotel de hoy se encuentran salas de actos, talleres educativos, una mediateca y sobre todo una exposición permanente de la obra de Hermenegildo Anglada Camarassa, artista catalán de finales del siglo XIX afincado en Mallorca. Los fondos de esta muestra se encontraban en el Port de Pollença hasta que fueron adquiridos por la Caixa en 1988. La colección está formada por 79 óleos pintados entre 1898 y 1953, así como recuerdos personales del artista y 125 dibujos.

Bibliografía

GARRIDO, carlos y ORTEGA, Elena (1996): “El Gran Hotel. Palma: Pentágono cultural II” en Guía del Patrimonio. Recorridos culturales de las Islas Baleares. Ed. El Dia del Mundo, Palma, p.85 – 89.

Fotografías

Virginia Leal © 2013
FAM (Fotos Antiguas de Mallorca)


sábado, 16 de marzo de 2013

"Can Prunera. Museo modernista" - Sóller



Can Prunera, junto con otros ejemplos como el Gran Hotel, Can Forteza Rey y Can Casasayes, los tres de Palma, forman parte del amplio conjunto de edificios modernistas que se construyeron, a comienzos del siglo XX, bajo la directriz de los modelos catalanes o del arte nouveau francés.

En el año 1865, una plaga terrible echó a perder los naranjos y limoneros de gran parte del valle de Sóller, lo cual causó una fuerte crisis económica y provocó que numerosas familias que se dedicaban a la recolección y al comercio de los cítricos se vieran obligadas a emigrar. Los principales destinos fueron, por un lado, América del Sur y, por el otro, Europa. Países como Puerto Rico, Venezuela, Francia, Alemania y Bélgica serían los precursores en el recibimiento de emigrantes sollerenses. Aun así, fue sobre todo en Francia donde la mayoría fueron a buscar fortuna; con este fin, se establecieron en localidades como Nancy, Lyon, Marsella y Belfort. Fue en esta ciudad donde Joan Magraner y Margalida Vicens, conocidos en Sóller con el mote de els Pruneres debido a su trabajo con el mercadeo de la fruta, se enriquecieron gracias al negocio dedicado a la importación, exportación y distribución de frutas, verduras y licores. Conseguida la fortuna, decidieron regresar a Sóller y construir un casal con el estilo imperante entonces en Francia: el arte nouveau. En aquel país, dejaron el negocio en manos de los hijos.

Este emblemático edificio modernista se construyó entre 1904 y 1911. Del artífice no se sabe nada, a pesar de que hay dos hipótesis: una atribuye la obra a Joan Rubió y Bellver (1870-1952), el arquitecto catalán que en aquellos años construía la fachada de la iglesia parroquial de San Bartolomé y el Banco de Sóller. Con todo, no hay ningún documento que confirme esta teoría. La otra hipótesis plantea la posibilidad que el casal de Can Prunera fuera construido por albañiles locales.

El edificio es un exponente del gusto de los emigrantes que, al volver de Francia y de Puerto Rico, principalmente, compitieron para levantar la casa más bella y que pusiera de manifiesto la riqueza que habían conseguido.

El museo

Can Prunera Museu Modernista está ubicado en una antigua casa de estilo modernista construido a comienzos del siglo XX. Formas sinuosas, animalísticas y naturales se combinan para dar la bienvenida al visitante, que recorrerá un museo que se ha convertido en una de las señas de identidad del pueblo de Sóller. 

El visitante empezará el recorrido por las habitaciones de las plantas baja y principal, que conservan parte del mobiliario original: mesas, sillas, camas, armarios y vitrinas en los cuales es patente una gran riqueza decorativa. En estas mismas salas, podrá disfrutar de las pinturas y esculturas que se exhiben. En el segundo piso, se puede ver la muestra «Del Modernisme al segle XXI», una colección de pintura que pertenece mayoritariamente a la Col·lecció d’Art Serra, y que en estos últimos años se ha ido enriqueciendo gracias a las donaciones de obras que, particulares y artistas, han hecho a la Fundació Tren de l’Art, entidad gestora de Can Prunera Museu Modernista.

En el sótano se encuentran las habitaciones conocidas popularmente con el nombre de botigues. Se trata de las antiguas dependencias que acogían una cocina económica, un depósito de aceite, una pica de lavar y un pozo, que todavía se pueden ver; un comedor para el servicio —donde actualmente se llevan a cabo exposiciones temporales— y los almacenes. Este último espacio comprende las salas dedicadas a Juli Ramis y se muestran obras de tres de las épocas más características de este pintor sollerense: pintura de juventud, época cubista y obra abstracta. En el jardín, el visitante podrá contemplar la fachada interior de la casa y disfrutar de la muestra de esculturas que se exhibe. Can Prunera Museu Modernista se inauguró día 24 de agosto de 2009, coincidiendo con las fiestas de San Bartolomé patrón de Sóller.

Gracias a la magnífica restauración llevada a cabo entre 2006 y 2009, Can Prunera ha obtenido un gran reconocimiento y se ha convertido en un hito importante del modernismo isleño.

Webgrafía: Can Prunera Museo Modernista
Fotografía: Virginia Leal